martes, junio 06, 2006

Otro par

Olvido

Franz se puso a escribir como pudo, a pesar de que la tos no lo dejaba en paz un solo segundo. Era una carta dirigida a su amigo Max, en la que le ordenaba quemarlo todo. Cuando este la recibió, fue adonde le indicaba, recogió lo que encontró en distintas cajas y lo poco que había sobre el escritorio. Lo llevó a un lugar solitario a las afueras de Praga, allí lo roció todo con alcohol y encendió un fósforo. Antes de lanzarlo a la pila de papeles, pensó que mejor se guardaba uno de esos escritos, así que cogió una hoja de papel húmeda por causa del alcohol, y después de doblarla se la metió en un bolsillo. Camino a casa recordó la hermosa llama azul que propició y se alegró de haberlo hecho.

Su esposa Cogió el pantalón para lavarlo, y al revisar sus bolsillos se percató del papel, lo sacó y al darse cuenta de que en vez de palabras había un manchón de tinta, se decidió a botarlo.

Esa noche le preguntó a Max si el papel que tenía en el bolsillo era importante. El le lanzó una mirada inquietante y después de unos segundos agregó: no era nada, tranquila que no era nada.

Anticristo

Ese día al bañarse se percató de que en su pecho campeaban seis pequeños lunares. Cumplía sesenta y seis años, y si no fuera porque su nieto menor lo fue a llamar al baño, habría llegado tarde a la fiesta que le tenían preparada sus otros cinco nietos.

domingo, junio 04, 2006

Cuatro minicuentos de guerra












Mc Donalds y su aporte innegable a la estética bonarense


Insomnio

De su estómago brotaba sangre estrepitosamente, no podía creer que era eso para lo que me habían entrenado con tanto esmero y dedicación, que era eso por lo que sacrifiqué tener una vida normal. No me sorprendió que intentara apuntarme, ni que su bala me haya golpeado una pierna, era su última oportunidad de morir por alguna causa. Yo tenía que terminar con aquello y hacerlo de cerca, para saber finalmente de qué se trataba El Enemigo. Caí a su lado algo adolorido y pude ver las contorsiones de su cara, causadas, imagino, por el dolor. Oír sus gritos sordos que me maldecían indirectamente; yo entendía ese dolor, también era un poco mío. Pronto moriría, clavando esa mirada inexpresiva de los muertos en mi mente. Mi enemigo era él, pero él ya no está, ahora es sólo su mirada indolente que viene a visitarme todas las noches cuando pretendo dormir, como si tuviera una vida normal.

Irak

Cuando tengo miedo cierro las ventanas e ignoro lo que pasa afuera, pongo la música que mas me gusta a todo volumen y así, precariamente, logro atenuar un poco el estruendo de los bombardeos. Al rato logro tranquilizarme y hasta puedo quedar dormida a pesar de tanto ruido. Me pregunto cómo harán los que sienten miedo y no tienen ninguna ventana que cerrar y nada de música para atenuar el estrépito de los bombardeos.

Intercambio

Hoy mataron a mi hermano. Detrás de la puerta está ella, puedo oír sus gemidos. Mi padre intenta consolarla y de esa manera se consuela a él mismo. A mí nadie me va a consolar, vendrán más tarde a decirme que mi hermano se fue a estudiar a otro país de intercambio.

Realidad

Desde que su hijo regresó, no volvieron a alquilar películas de guerra, pues a él todas le parecían falsas.

sábado, mayo 27, 2006

microlingotes












El señor presidente, antes de salir a la rueda de prensa fue al baño y al mirarse en el espejo, se dio cuenta de que su corbata no salía con el traje que llevaba puesto. Durante la rueda de prensa no dejó de pensar en ello.


El pianista erró una nota, después otra y luego una más. De ahí en adelante nadie supo qué sucedió; más pesaban sus errores.


Ese día lo escogieron a él para tocar el timbre que marcaba el final del recreo. Pensó en que podría alargarlo hasta que quisiera, por eso fue a tumbarse a un prado y se permitió dormir. Al despertar no vio a nadie; supo entonces que alguien ya había hecho su tarea.


Nunca se había escapado del colegio. La primera vez que lo hizo se la pasó pensando en qué estarían haciendo sus compañeros mientras caminaba sin rumbo por las calles de la ciudad con un cigarrillo entre los dedos.


Si dejara de pensar en ti me vería obligado a pensar en otra cosa, pero sé que fuera lo que fuera, terminaría relacionándolo contigo.


El profesor habla sin parar, yo mientras tanto me lo imagino desnudo en medio de un desierto.


Este cuento acabara cuando termine esta frase.


Cuando tenía muchas cosas en la cabeza, no podía escribir nada, y cuando no tenía nada escribía muchas cosas, pero igual no le gustaban.


Antes de saltar pensó en la sonrisa de su novio. Los que lo vieron bajar dicen que parecía tranquilo, pero nunca lo sabremos.

lunes, mayo 15, 2006

Un cuento subidito de tono, los muy sensibles abstenerse



















Inocencia

Te fuiste poniendo tenso. La conversación era tan cotidiana para mí, que el hecho de ver tu incomodidad, allá atrás, mientras dejabas que los otros hablaran por ti, sólo me produjo risa. Ahora me pareces tierno mas que risible. Te llevaste la lata a la boca e intentaste un trago largo de cerveza, digo intentaste porque la lata estaba vacía, la recogiste del suelo donde se encontraba tirada de lado y abierta. Yo te vi recogerla mientras acordaba con tus amigos los costos de toda la faena que pretendían regatear, como si yo debiera responder a sus ahorros de estudiante, a sus insignificantes ofertas. Si lo hice fue por ti, por tu torpeza con la lata, por tus mejillas de lata-doras, porque contigo sabía que sería distinto. Son cosas que una sabe de tanto trabajar con hombres. Tus amigos ya lo habían hecho. Los despachó una noche Carla con sus nalgas prepotentes en un motel barato del centro. Yo estaba con ella antes de que vinieran y se la llevaran en su carro prestado. Se les notaba la inexperiencia. Antes de decidirse dieron unas tres vueltas por la cuadra, miraban con pudor, como avergonzados de sus deseos. Así son siempre la primera vez, después no dudan en pedirte que se las mames sin parar, no escatiman en gemidos ni palabras que no dejan de darme risa. Eso mamita, chúpamela bien rico. Qué gracioso debe sonar eso de la boca educada de uno de tus amigos. La Carla me contó todo de la primera noche con ellos, el tamaño de sus penes, la cantidad de semen, la forma y color de sus calzoncillos, la cara que ponían antes de venirse. A ella le encantan esos detalles, es una estadista. Lleva un resumen detallado de todos sus encuentros en un cuaderno que se compró un día que estuvimos de paseo por el centro. Era temporada de compras escolares y las familias andaban revoloteando fastidiosamente por todo el comercio. La carla cogió un cuaderno de los digimón, unos bichitos japoneses que andaban de moda por esa época. Desde ese día empezó su tarea científica. Ni la droga ni el alcohol impiden que cada día, ya en la madrugada, cuando se ha limpiado el semen del cuerpo (porque aunque las costumbres hayan cambiado, siempre queda algo que se resiste a entrar en su prisión de látex) y se ha bañado por horas con agua hirviendo, se ponga a escribir los datos recogidos durante el trabajo. Pero el día que tus amigos vinieron yo no estaba para niñitos de papi insoportables. La Carla no tiene escrúpulos, para ella todo es ciencia, entonces se los llevó y les explicó cómo funcionaba la cosa, para que cuando volvieran no fueran tan indecisos y estúpidos. Hoy acepté a tus amigos sólo por estar contigo. Cuando Carla los vio llegar, se alistó segura de que venían por ella, pero te vi atrás y tuve que pararla, decirle que esta vez iba yo. Tu verás, yo sólo lo hago por continuar con mi tarea, de otra forma mandaría a la mierda a esos chinitos malcriados y malapaga, dijo, mientras me dejaba libre el camino. Yo sabía que a ella le encantan los jóvenes y sus palabras no correspondían a sus verdaderos deseos, pero ella me respeta mucho, si yo le digo que me deje un trabajo, ella me lo deja. De todas formas después me hace contarle todo y lo anota en su cuadernito ridículo. Pero relájate más bien, que tus amigos no están por acá, estamos solitos para pasarla rico, si quieres claro. Esos amigotes que tienes son unos malpariditos, yo sé que tu eres distinto, si no quieres hacer nada no tienes que hacerlo, pero al menos relájate, o es que te parezco muy fea. Qué vocecita la que tienes, a duras penas te salen las palabras. ¿No te gusto? Entonces tranquilízate que te voy a hacer bien rico. Parece que nunca lo hubieras hecho, es eso, y no quieres que así sea la primera vez, qué guevoncito que eres, esperar a la mujer ideal, después te darás cuenta que eso no existe y te arrepentirás de no haberlo hecho conmigo, una experta que además empieza a quererte. Ven te vas quitando la camiseta, me muero por ver tu piel de niñito rico. Eso, ya ves que no es tan malo, es sólo cuestión de dejarse llevar, y tranquilo que tengo condones y estoy limpia. Te da asco como hablo cierto, qué boba soy, cómo voy a hablarle de esas cosas a un niñito de bien en su primera vez, pero es mejor que vayas aprendiendo, la vida es una mierda a veces, y tu, niño rico, deberías irlo sabiendo, esto no es sólo diversión, yo no soy sólo un hueco. Si, por eso me gustas, tu si me valoras. Yo a ti en cambio no, crees que me siento bien siendo rechazada, si soy la puta más linda que puedes tener en toda la ciudad, la más sana, agradece que no te tocó con la Carla, ella se le mide a todo, no te imaginas lo que me ha contado, qué te vas a imaginar si en tu mundo de dos cuadras todo es perfecto y yo soy una pesadilla, algo de otro mundo, un dato a ignorar. Al menos tus amigos son menos guevones en ese sentido, ellos no estarían tan aculillados como tu. Mejor te dejo en paz o vas a terminar odiando todo esto, y sobre todo a mí, que es lo que más me duele, porque aunque te haya dicho que eres un guevoncito, sé que lo digo por pura malparida que soy, por no dejarte creer que me tienes embobada con esa cara, esos ojos y esa voz que me dice que me deje tocar, que pare de hablar que si quiero que me paguen por eso, mejor me meta en política, y yo que creía que no serías capaz de decirme nada de nada. Lo tonta que puede ser una cuando cree que conoce a los hombres. Tu lo que te estabas era haciendo el pendejo conmigo, quien te viera tan hábil con esas manos suaves de pianista tocando carne ajena como propia, sin titubeos, como quien sabe lo que hace porque lo ha hecho muchas veces. Yo quería enseñarte niño bonito, pero no pares que eso que estas haciendo está muy bien, ni me di cuenta de cuando me fuiste empelotando toda y te sacaste la ropa. Eres más lindo de lo que pensaba, de espalda ancha y piernas peludas, justo como me gustan. Y todo ese ímpetu repentino me tiene enloquecida. No sabes, hasta llegué a pensar que eras marica. Qué equivocada estaba. Deberías dejarte tocar más, mira que soy una gran mamadora. Oye pero no seas tan agresivo, sólo quería hacerte saber que me encantaría hacerlo, no era para que te pusieras así, yo me dejo hacer lo que quieras pero no es necesario que lo hagas a la fuerza, eso si no me gusta. Dónde se quedó tu carita bonita, esa ingenuidad tan natural sorbiendo una lata vacía. Se quedó en la parte trasera del carro. Qué haces, te dije que no era sólo un hueco, suéltame bobo malparido, ve a tratar así a tus puticas enmascaradas del country club. Y para qué los llamas, nada de eso habíamos acordado. Quedamos en que estaríamos los dos solos todo el tiempo, no me gusta hacerlo mientras otros miran, no es que sea una puta moralista, es que una tiene sus preferencias y esto no me está gustando, no confió ni en tus amigos ni en ti, déjenme ir o grito malditos enfermos. Ay Carla, si me hubieras dicho que no, que el trabajo sucio te lo dejara a ti, la de la mente científica, la que se aguanta estos juegos que yo no entiendo. Los que tu libreta de digimon me cuentan todas las noches mientras espero que vuelvas. Yo no quería esto, yo quería al niñito rico de la cara bonita y la lata vacía, al de la voz entrecortada. Esto es otra cosa, una bestia que enbiste sin reparos, que me desgarra por dentro, que invita a sus amigos para presenciar mi caída y humillarme. No me merezco esto Carla, nadie me preparó para esto, no quiero que así sea, no en mi primera noche.

jueves, mayo 04, 2006

Una semana más

Una semana conflictiva, de eso no hay duda. Pero desde la barrera todo es más fácil. Cómo podría opinar sobre el paro si me la pasé en el carro de aquí para allá viendo cómo las filas en transmilenio desvordaban las previsiones, cómo este sistema aún anda rengo. Si hubiera tenido que estar ahí, de seguro habría madreado sin parar, o hubiera sacado algún librito para hacer llevadera la espera, madreando internamente, claro está. No era para menos, pero como uno anda en le norte y en carro, el mundo podría estar al borde del colapso y nadie se enteraría. Varias cosas quedaron claras:

-No es suficiente el transmilenio
-La izquierda puede ser tan represiva como la derecha
-Los transportadores tienen el poder de paralizar la ciudad
-Los presentadores y corresponsales de los noticieros tienen la increible capacidad de hacer que todas las noticias giren en torno a la estrellita pop, o la actriz culipronta del momento
-Esta ciudad es terriblemente pobre
-Jose Gabriel cree que el "landscape" colombiano es único
-Los españoles andan invadiendo emisoras y noticieros. Su estela de estupidez y mal español es inagotable
-La política da asco
-Pedro Aznar dio uno de los mejores conciertos de los últimos años en Bogotá, para una audiencia reducida en el Leon de Greiff y nadie, absolutamente nadie lo supo. Me imagino que los noticieros estaban ocupados tratando de traducir y entender Hips don't lie, con eso tienen para un año
-La feria del libro, si no fuera por panamericana, habría sido un fracaso
-Alguien recuerda cómo es esta ciudad sin lluvia?
-Este blog tiene tres visitantes, contandome
-2046, es una de las películas mas bellamente aburridoras e inentendibles que he visto ultimamente
-Que la verdad nada de esto importa mucho si se tiene a quien se quiere a tu lado mientras lo escribes

martes, abril 25, 2006

Una nueva ficcioncita















Esto y el otro

Supongamos que acá le presento al personaje. Puede que diga su nombre o puede que lo omita. Después lo pondré en un lugar y un tiempo. Aunque tal vez mejor lo deje en el limbo tempo-espacial (su ubicación de todas maneras corresponderá a su imaginario de lugares y tiempos, no al mío). Lo haré pensar en algo, en alguien, anhelar un lugar, un tiempo, recorrer una ciudad, una calle, una habitación, un bosque, la mente de alguien, lo dejaré quieto en un café, en una cama, en un escritorio, en una fila de supermercado, en una sala de espera. Estará en una situación definida y clara, o definida y confusa, o confusa e indefinida (eso dependerá de qué tan ordenada sea su lectura, de qué tan interesado esté en el cuento). Habrá más personajes, decisorios en la trama o meros trasfondos que darán sentido al ambiente. Tendrá coherencia o no, será fantástico o absurdo, o fantástico y absurdo (haga usted las variantes). Hablará por si mismo o a través mío o desde la voz de otro, o sencillamente no hablará, irá de lugar en lugar, sacudido por las situaciones. Para el final reservaré las usuales cadencias, buscaré un efecto o la ausencia total de él (en ultimas más efectivo). Y aunque todo lo anterior tiene un orden, cada parte puede ser autónoma, y constituir en si el cuento, o estar combinada con otras en orden aleatorio, dependiendo como ya dije, de qué tipo de efecto se quiere; o si no se quiere un efecto preciso, dejar abierto el cuento para posibilitar múltiples lecturas, más que las que el número de potenciales lectores pueda darle. Supongamos entonces, que le doy un nombre. Bien podría ser K o W, pero de seguro sabrá que K ya se ha usado en otras historias, por le que mejor opto por el segundo, W. Ya lo tengo, está ahí, asomándose por esta página virtual, ya es algo, pero aún no es nada. Qué hace, qué piensa, dónde vive, con quién vive; puede que sean cuestionamientos útiles a la hora de definir su carácter, su personalidad, eso sólo lo sabrá usted, para quien W es ahora un trabajador de oficina, que pasa las horas, los días, los años frente a una pantalla, viéndoselas con números y letras digitales. W es un cajero en un banco, y bien sabe que su trabajo lo hace una máquina que no descansa nunca, que despacha billetes, paga servicios y transfiere dinero a una velocidad de máquina, es decir, no humana, más rápido. Pero eso no le molesta a W, la verdad, su trabajo le tiene sin cuidado. Podría decir que W, en realidad se llama Walter, y vive solo en un apartamento del centro, o que es solitario y virgen, y cada noche se masturba dos veces para poder conciliar el sueño, podría decir en qué piensa mientras lo hace o que no piensa en nada ni nadie, pero ya dije demasiado. Ahora es alguien, y usted empieza a visualizarlo, lo ve detrás del aparador del banco, con su peinado ridículamente anticuado, con sus maneras refinadas y artificiales. Lo imagina en su cama de noche, moviéndose frenéticamente bajo las cobijas hasta que llega el último gemido, el definitivo. Pero no le dije que él no se masturbaba en la cama, como era previsible, sino en el baño, frente al espejo. Detalles que puedo obviar a mi antojo, dependiendo como ya le dije, del efecto. Podría dejarlo así, en sus días monótonos y en su onanismo exasperante. Pero nada de eso tendría mucha gracia. Mejor aprovechar que ya lo ve, que es alguien en quien usted cree, es realidad. Ahora lo quiero sentado en un parque, leyendo un libro de autoayuda, o el horóscopo del día. Que sea el horóscopo entonces y que diga lo siguiente: No es bueno por ahora corresponder a todas las actividades sociales, la verdad es que esto puede crearte serios problemas económicos por falta de control en los gastos. Tus logros vienen del apoyo familiar. Walter termina de leer esto y piensa en lo estúpido de todo aquello. Su vida social es inexistente, y por lo tanto el dinero destinado para ello espera vanamente justo en el mismo banco donde trabaja. Su familia le dejó de hablar hace 6 años, cuando decidió irse de casa para aventurarse en un viaje a todas luces absurdo por América del sur, que lo sumió en la melancólica seriedad con la que desde entonces asume los días, por no decir que la vida. Usted ve a Walter pararse de la silla, porque sin duda estaba sentado en una silla de ese parque,y sabe que sus pasos torpes corresponden a un estado de ánimo. Lo ve deambulando por la ciudad con la firme intención de simplemente estar por ahí. Está acaso dirigiéndose hacia un supermercado, puede ser, aunque puede ser una droguería, o un supermercado con droguería. Nuestro Walter come y se enferma como todos, pero usted intuye que no va a comprar alimentos. Lo vemos de nuevo en el apartamento (yo también empiezo a verlo fuera de mí), sacando lo comprado de las bolsas. Qué saca de ellas, por qué se dirige al baño. Lo que sabemos ahora es que se encierra allí. Pasan minutos sin que tengamos noticias de él, hasta que oímos un grito similar a un gemido, o un gemido similar a un grito, después el silencio. Walter está tirado en el suelo del baño, inmóvil. Si vamos un poco más arriba, sobre el lavamanos vemos un montón de papeles, que bien podrían ser una extensa nota suicida, pero pronto nos damos cuenta que los papeles son una revista, y que en ella hay semen derramado. No habría que agregar nada más, usted sabe bien que W saldrá del baño, y que se masturbará de nuevo en la cama para poder conciliar el sueño. El cuento ha terminado y su afecto es definido e intencional. Pero queda algo más por decir, y es que usted, un lector perspicaz y sabio, sabe que el cuento no fue ese, sino este que aún continúa. Y que a los dos nos hubiera gustado que fuera sólo el otro.

lunes, abril 17, 2006

Good morning heartache



















Escucho cantar a Billie Holyday. Está justo en la sala de mi casa invadiendo el espacio con su extraña y cálida voz. Ella me acompaña mientras escribo esto y lo hace todo más fácil.

Hoy me entrevistaron para un programa de televisión. El motivo de la entrevista fue mi último escrito publicado acá. En él hablo sobre mi relación con los buses. También breve y confusamente doy mi opinión sobre una tendencia en el arte bogotano; que ha llevado a las galerías, tiendas de diseño, moda, bares, etc. La cultura popular.

El programa de televisión tratará ese tema y para hacerlo interesante buscaron una voz contraria: la mía. (lo interesante no es mí voz, sino que es contraria)

Con motivo de la entrevista tuve que buscar en http://www.populardelujo.com/ lugar del que saqué el artículo que critico, para ver que pensaba en serio. Pues aunque mi posición allí parece muy clara, se fundaba en una percepción superflua del tema. Estaba hablando mierda. Lo que encontré fue una buena página, que poco tiene que ver con su título. Creo que en un principio quisieron documentar una especie de memoria estética de la ciudad, pero sin duda los aportes de distintas personas han hecho que sea mucho más y que por lo tanto su nombre no corresponda con el contenido o con gran parte de él. Aún así, mi pequeña búsqueda sirvió para afianzar un presentimiento, un malestar al respecto. Les aclaro que sólo sirvió para eso, porque la entrevista fue un desastre: hablé mierda. Pero a todas estas, qué hacía yo, un pianista en formación, opinando sobre las tendencias del arte en Bogotá ¿Dónde están los artistas que deberían ocupar esos espacios? En fin. Allá ellos.

Pasando por encima la precariedad de mis respuestas durante la entrevista muy urbana que me hicieron, agregaré más ideas al respecto por escrito, campo en el que me defiendo mejor. Y quiero poner una cita en este punto de Nabokov pero no la encuentro. Me aventuro igual a decirla de memoria, dice Nabokov de él mismo: “pienso como genio, escribo como autor notable y hablo como un niño”. Yo me siento identificado con lo de hablar como un niño, claro que hay unos niños…

Un día fui a una fiesta de estudiantes de los Andes. Y acá se me ocurre un chiste parafraseando a Nabokov (aprovecho que el disco de Billie se acabó y automáticamente se puso uno de música colombiana viejita). Los uniandinos pagan como en Harvard, piensan como buenos profesionales promedio, y hablan como idiotas. La fiesta era temática, o eso pretendió serlo, el tema: los 80’s. Los que se animaron buscaron en sus armarios y en los de sus hermanos y hermanas ropa de aquella década. Se la pusieron aunque no cupieran en ella y así se presentaron. La fiesta no era nada especial, un montón de ingenieros aburridísimos haciéndose los chistosos, nada más patético. Pero el punto interesante y relevante para este escrito, vino cuando los asistentes empezaron a poner nombres con un marcador negro en pedazos de cinta de enmascarar, para en seguida pegárselos en el pecho, a manera de identificación. Los nombres no eran los propios, sino los sacados de su imaginario de pobreza: Usnavy, habsleidi, Jaider y así… yo les seguí el juego, y puse en mi pecho mi segundo nombre: Ronald. No sé qué buscaban con esto, pero sentí malestar, no por que mi nombre estuviera entre los “chistosos” sino por lo que en su inocente juego plantearon los ingenieros con tan poco humor. Estaban jugando a ser pobres.

Hace unos días fui a un restaurante que dedica sus esfuerzos culinarios e hacer de sus platos una suerte de criollismo sofisticado. Hay envueltos de maíz con salsa de maracayá y helado de vainilla, onces de chocolate con queso y panes boyacenses, y varias propuestas de la cocina vernácula, combinada con elementos propios de la cocina contemporánea. El postre con envuelto de maíz es sin dudas un logro, pero pagar por un chocolate con queso 8.000 pesos, es un robo. Igualmente hay un restaurante de reciente inauguración, dedicado a la cocina colombiana, con precios exorbitantes, a platos que en su contexto son más bien económicos, y hasta más ricos. Pero todo esto hace parte de una tendencia que quiere darle “estatus” a esos productos que llamamos populares, hacerlos válidos para las élites. Ahora un niño bien puede comerse una aguapanela con queso y no sentirse un pobretón muerto de hambre. Está relacionado también con la idea uribista de una Colombia pujante, echada pa adelante, orgullosa de sus particularidades, en suma, una campaña chovinista asentada en un sentimiento vacío respecto a un país, que no tiene en cuenta a la gente, sino sus imaginarios de consumo. Es como si estuviera de moda ser pobre. Obviamente el “ser pobre” pensado desde su estética y gustos, no desde el verdadero significado de serlo, es decir, pagar mucho por serlo, para no serlo.

Otra corriente muy aceptada es la de aprovechar la lengua para agredir “inocentemente”, y resaltar una carencia educativa. Un bar carísimo del norte se llama mailiroldarlin (my little darling). Su nombre es una transliteración, pero una particular, que nos habla de cómo llegan algunos al idioma ingles. No porque sus colegios hayan sido bilingües, ni porque hayan pagado por cursos particulares, sino por la precariedad con que se enseña esta lengua en los colegios públicos. Bien sabemos que asi no se dice ni se escribe, pero es muy play (plei) jugar a no saber, a ser pobre. (El inglés no debería ser la única lengua que se enseñe y ser bilingüe, aunque muchos no lo piensen así, implica hablar al menos dos de las miles de lenguas que hay en el mundo). El nombre de este bar se aprovecha de esa carencia, los ingenieros de la fiesta se burlan de la inspiración que lleva a las personas pobres a ponerles ciertos nombres a sus hijos. Pagar por un tamal 20.000 pesos, nos dice que lo pobre vende.

Hace ya un buen tiempo que no suena Billie Holyday, por eso se me hace difícil escribir.

Creo que las expresiones populares son mucho más de lo que un grupo de niños ricos creen, y que su aprovechamiento no corresponde a una identificación, o a una búsqueda verdadera. Es más un lugar común, una forma fácil de hacer arte y vender.

domingo, abril 09, 2006

Mi relación con los buses y el asombro uruguayo

Se me pidió escribir y criticar, para ver con qué salgo, respecto a un tema que conozco bien, no porque lo haya estudiado a fondo, sino porque he vivido en él y desde él; se trata del transporte público en Bogotá, y para ser más específico, de la disputa entre el viejo sistema heterogéneo y caótico de buses multicolores; mucho humo, pito a mansalva, y el aparentemente servil y pulcro transmilenio.

Pero antes de empezar, les pido remitirse al siguiente enlace metatextual: http://www.populardelujo.com/libro_01/textos/pdf/cebollero.pdf (no metrosexual) donde encontrarán un artículo de Mauricio Carreño sobre el mismo tema. En él, añora la perpetuidad del viejo sistema, apoyado en un amor desmedido y esnob (muy de moda hace unos años entre universidades bien que enseñan arte) por la cultura popular, amor que no pasa de un mero reconocimiento iconográfico, y de una vacuidad emocional asociada a ciertos elementos naturales al desenvolvimiento estético de las sociedades fuera de los contextos académicos, es decir, descubrir que la cultura popular tiene una estética tan válida y rica como cualquier otra nacida de los círculos intelectuales. Agua hervida. Los pobres son play muy a su manera. Que raye marica.

No es mucho lo que puedo aportar o decir. No estoy ni en contra ni a favor de ninguno, pero debo reconocerle a transmilenio el que haya podido leer varias novelas, cuentos y artículos, sentado en sus sillas rojas (y a veces azules), sin que mi retina peligrara tanto, porque desde que las lozas empezaron a hundirse, mis lecturas también se fueron hundiendo, y mi astigmatismo se fue subrayando con cada hundimiento. Pero fue allí, aún a pesar de ese pequeño inconveniente, donde leí Abbadon el exterminador, America, El libro de Manuel (no la de kafka), El síndrome de ulises, varias malpensantes, De carne y hueso, Angosta, El último round, la vaca, la información, y últimamente, la amena Experiencia, de Martin Amis. Estoy seguro que si hubiera leído esos libros sentado en una buseta, un cebollero o un colectivo, estaría casi ciego.

Recuerdo que empecé a montar solo en bus a eso de los 12 años, cuando iba a entrenar natación al club comfenalco (ahora colsubsidio). Cogía muy al frente de mi casa un ejecutivo (a veces superejecutivo) y al poco tiempo llegaba a mi destino. En esa época vivía en Suba. Fui muy chiquito hasta que me pegué el llamado "estirón", que no fue sino un estironcito. Me alcanzó para el 1:74 de estatura que mi cédula atestigua algo fraudulentamente. Por esta razón, cuando debía bajarme del bus, o recurría a la ayuda de alguien con la altura requerida (nunca una mujer) o saltaba agarrado al tubo oxidado, haciendo puntería con el dedo para dar en el reducido círculo asignado como timbre. Toda una labor harto dispendiosa y sin duda aflictiva, a esa edad donde todo me parecía bochornoso. Desde ahí las cosas empezaron mal, sería una relación unida por el odio y el tedio.

Pero los buses me dieron la oportunidad de no ir en la ruta del colegio, eran una alternativa interesante, que me permitía bajar a Unicentro (muy cerca a mi colegio) jugar maquinitas con mis amigos después del estudio, y después ir a mi casa, con poca plata, pero la satisfacción que le da a uno la independencia. El bus sin duda significa para mí independencia.

En la universidad la llamada independencia se fue para el carajo, y en su lugar empezó a acomodarse en mi espíritu, un resentimiento hacia esas cajas ruidosas, atestadas y lentas que eran los buses. Ir hasta los Andes desde mi casa y volver después, era a todas luces un suplicio.
Cómo me hubiera gustado poder leer algo en esos momentos estáticos en la séptima, en la 127, en la Suba.

Paulatínamente fueron llegando los buses rojos, con toda su renovación urbana y ciudadana. Pero nunca me han servido mucho. Para ir al portal del norte, la estación más cercana a mi casa, debo coger un colectivo o caminar 15 minutos hasta la parada de un alimentador. Lo bueno de empezar los recorridos en un portal, es que hay muchas posibilidades de conseguir una silla, lo que en mi caso significa: leer.

Creo que la discusión no es muy interesante, siempre pensé que Bogotá se merecía un metro, pero nos vendieron esta solución y ya que se le va a hacer. ¿Les colocamos vírgenes y figuras religiosas y hacemos retablos rojos y acolchonados en la parte delantera de los buses articulados para contentar a los que creen que se pierde autenticidad y cultura por montar en transmilenio?. ¿Cierto que suena ridículo?. Me gustaría que el sistema fuera menos excluyente, que los vendedores, como en el D.F, pudieran subirse a decir su carreta, que las estaciones tuvieran baños y comercio, que hubiera descuentos para estudiantes, que las malditas lozas paren de hundirse, que el alimentador llegara hasta la puerta de mi casa, que nadie se crea mejor persona por dejar sentar a un viejito, que la lástima impuesta no sea el motivo, en fin, muchas cosas. Pero me conformo con poder leer algo mientras voy a la U. Algo es algo. Deje así.

Por otra parte. El informe semanal que me dan sobre el movimiento del blog, me dice que hay varios uruguayos leyéndolo ( o al menos visitándolo), más que colombianos. Como el hecho me parece insólito, y por lo tanto interesante, les mando un saludo a los uruguayos que lean estas páginas, y les digo que fui al festival de teatro a ver una obra uruguaya que me gustó bastante. No es más por ahora. Con esto salí.