HOJA DEBIDA
Cuando los académicos razonan fuera del recipiente
Ahora que soy un músico profesional, con un piche pregrado de una universidad tercermundista, y tengo una hoja de vida archivada (en el mejor de los casos) en distintas instituciones relacionadas con la enseñanza de la música en Bogotá, me doy cuenta que no le intereso a nadie como músico.
Toco piano. Mi formación fue clásica y me mamé varios estudios de toda clase y todo nivel, desde Hannon hasta Chopin, para lograr entrar a la élite de los que mueven los dedos a grandes velocidades y miran al techo de los auditorios en los momentos de mayor alcance místico. Pero nunca fui invitado a su fiesta de virtuosismo y perfección técnica. Tuve que contentarme con el placer que me da tocar sonaticas de Haydn (despreciadas por el público pianístico), cualquier cosa de Bach (que no acepta mediocridad), y últimamente Mompou, a quien creo entender y tocar sin sentir complejos.
Abandoné la composición en la academia, por arrogante más que otra cosa, pues sentía que nadie podía enseñarme nada, y que los modelos de enseñanza eran anacrónicos y descontextualizados, que de ellos no podría sacar otra cosa que frustración y un posible suicidio. Por eso huí a Europa, donde el panorama no era distinto, los compositores también viven de dar clases de teoría y sus composiciones no las conoce nadie.
Entonces me decidí por ser pianista. Luché con viejas mañas aprendidas de dudosos profesores que por ser rusos o polacos o búlgaros, suelen acampar de por vida en países con poca cultura musical, explotando los bolsillos de personajes arribistas o engañando a la academia con falsos títulos. Aprendí a ser paciente, y sólo toqué estudios y ejercicios por seis meses. Más tarde monté obras no muy difíciles, y toqué por primera vez ante un público totalmente desconocido. Recuerdo que en un concierto dedicado a la variación, donde yo intervine con mi versión de las variaciones en fa menor de Haydn, una señora acompañó con el sonido de sus pulseras las variaciones Goldberg, tocadas por otro alumno de mi maestro, perfectamente acoplada al ritmo. Por eso me atrevo a decir que además de desconocido, era un público conocedor. También participé en otro par de conciertos, y aunque en ninguno conocí la perfección, tuve buenos comentarios de gente que como les digo, nunca había visto.
Pero mi estadía en Europa fue corta, y huí de nuevo, pues el fantasma del fracaso y el suicidio no se había desvanecido.
De nuevo en Bogotá, con muchas preguntas de quienes me conocían, y pocas explicaciones mías, empecé a estudiar piano en la nacho, porque mi paso por Los Andes ayudó a ratificar mi posición social: no me interesaba más hacer parte de ese templo a la vanidad intelectual de la clase alta colombiana, convertida en un excelente lugar para las relaciones públicas. La gente como yo que estudia en un lugar así, lo hace para lograr amistades influyentes, que sin tener que pasar hojas de vida, terminen por situarlos a punta de elogios infundados, en un cargo de alguna dependencia del ministerio de cultura. No era mi caso, yo quería en serio ser compositor, pero en ese lugar no lo hubiera logrado, aunque de pronto el puesto en el ministerio sí.
lunes, febrero 05, 2007
sábado, febrero 03, 2007
Cómo agregar vacío
Propuestas paralelas al día sin carro:
Día sin paras
Día del no trabajo
Día sin fe
Día sin patria
Día sin fronteras
Día sin balas
Día sin políticos
Día sin Shakira
Día sin televisión
Día sin celular
Día sin La FM
Día sin noticias de farándula
Día sin farándula
Día sin visas
Día sin torturas
Día sin Uribe
Algunas ya puestas en marcha, exitosamente, no sobra decir, en varios países:
Día sin agua
Día sin luz
Día sin comida
Día sin dignidad
Día sin trabajo
Día sin dinero
Día sin salud
(los esfuerzos han sido encomiables en estos asuntos, algunos países hasta gozan de años en ciertos items)
Por otro lado, quiero aclararle a los periodistas de este país, que Bob Geldof no es el cantante de pink floyd, ni lo fue nunca. Actuó en The Wall, película de Alan Parker, con música del citado grupo. Bob Geldof musicalmente es una basura, sus mayores meritos han sido ser un gran diplomático y tener las amistades precisas para poder congregar gente más famosa y más rica que él en varios escenarios, con fines sociales y mucha demagogia. Y bueno, es un tipo simpático, y hasta ahí llega su gracia. Pero ahora parece que todo el que llega a Cartagena es una divinidad, y los periodistas babean por ir a preguntar estupideces en el lobby del Santa Clara. A quien se puede culpar: a las facultades de comunicación social? al público enceguecido por tanto falso destello de "estrellas"? al arribismo cultural de nuestros medios?
Día sin paras
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Día sin patria
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Día sin agua
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Día sin comida
Día sin dignidad
Día sin trabajo
Día sin dinero
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(los esfuerzos han sido encomiables en estos asuntos, algunos países hasta gozan de años en ciertos items)
Por otro lado, quiero aclararle a los periodistas de este país, que Bob Geldof no es el cantante de pink floyd, ni lo fue nunca. Actuó en The Wall, película de Alan Parker, con música del citado grupo. Bob Geldof musicalmente es una basura, sus mayores meritos han sido ser un gran diplomático y tener las amistades precisas para poder congregar gente más famosa y más rica que él en varios escenarios, con fines sociales y mucha demagogia. Y bueno, es un tipo simpático, y hasta ahí llega su gracia. Pero ahora parece que todo el que llega a Cartagena es una divinidad, y los periodistas babean por ir a preguntar estupideces en el lobby del Santa Clara. A quien se puede culpar: a las facultades de comunicación social? al público enceguecido por tanto falso destello de "estrellas"? al arribismo cultural de nuestros medios?
miércoles, enero 17, 2007
En un país de sordos
Escribe la comentarista de El Tiempo desde Berlín: Para su premiere, el director colombiano y el director musical del programa Debut de la emisora, Wolfgang Hagen, escogieron un repertorio "tan armónico como complicado" que comenzó con la sinfonía No. 25, de Mozart, una de las dos únicas sinfonías compuestas por el austriaco en clave menor.
Bueno, "tan armónico como complicado", es una opinión que poco nos dice del programa. ¿Por qué armónico? ¿Qué es lo complicado?. La verdad no le veo nada de armónico a un programa constituído por Mozart, un concierto para contrabajo de Bottesini (?), la rapsodia sobre un tema de Paganini Op 43 para piano y orquesta de Rachmaninov y la suite para orquesta de la ópera El mandarín maravilloso de Béla Bartók, de hecho me parece un programa inmamable, pero bueno, son opiniones, y el que esté entre comillas, asegura que el comentario no es de quien firma la nota. Pero lo que sí no es aceptable, es que se diga que es una de las dos únicas sinfonias en clave menor del austriaco. Primero porque si son dos, ya pierden la cualidad de ser únicas, y segundo porque lo que uno espera de alguien que escribe sobre música es que sepa que la clave menor no existe, existe el modo menor, y las claves de sol fa y do. Pero qué se puede esperar de un periódico donde las reseñas de conciertos que no sean de Shakira brillan por su ausencia, y donde le dan toda clase de publicidad barata y sensiblera al "gran festival de música clásica de Cartagena" mientras que los realmente excepcionales conciertos que ofrece el Banco de la República en la sala Luis Angel Arango hasta dejaron de ser anunciados en sus páginas.
Un error de este tipo en el único (ahora sí) diario de circulación nacional es inaceptable. Entiendo que la música clásica sea una cuestión de pocos, y que esté lejos de ser un interés nacional, pero si comentan sobre ella, deberían escoger a gente apta para ello, que sé que la hay, porque estoy seguro que para hablar de futbol contratan gente que sabe, y así para las demás secciones, ¿Entonces por qué la música no merece el mismo tratamiento?
Tal vez por eso es que cuando a un niño en el colegio le piden un xilófono cromatico en la lista de útiles escolares, nadie en la tienda sabe que carajos puede ser ese aparato con tan extraño nombre y tan extraña característica. ¿Qué pensarían si le pidieran un eufonio?
Si queremos ser un país que entienda que lo que pasó en Cartagena no fue lo que nos hicieron ver los diarios, falta educar, y no es dificil, sólo que nos pueden más las ganas de matarnos.
Bueno, "tan armónico como complicado", es una opinión que poco nos dice del programa. ¿Por qué armónico? ¿Qué es lo complicado?. La verdad no le veo nada de armónico a un programa constituído por Mozart, un concierto para contrabajo de Bottesini (?), la rapsodia sobre un tema de Paganini Op 43 para piano y orquesta de Rachmaninov y la suite para orquesta de la ópera El mandarín maravilloso de Béla Bartók, de hecho me parece un programa inmamable, pero bueno, son opiniones, y el que esté entre comillas, asegura que el comentario no es de quien firma la nota. Pero lo que sí no es aceptable, es que se diga que es una de las dos únicas sinfonias en clave menor del austriaco. Primero porque si son dos, ya pierden la cualidad de ser únicas, y segundo porque lo que uno espera de alguien que escribe sobre música es que sepa que la clave menor no existe, existe el modo menor, y las claves de sol fa y do. Pero qué se puede esperar de un periódico donde las reseñas de conciertos que no sean de Shakira brillan por su ausencia, y donde le dan toda clase de publicidad barata y sensiblera al "gran festival de música clásica de Cartagena" mientras que los realmente excepcionales conciertos que ofrece el Banco de la República en la sala Luis Angel Arango hasta dejaron de ser anunciados en sus páginas.
Un error de este tipo en el único (ahora sí) diario de circulación nacional es inaceptable. Entiendo que la música clásica sea una cuestión de pocos, y que esté lejos de ser un interés nacional, pero si comentan sobre ella, deberían escoger a gente apta para ello, que sé que la hay, porque estoy seguro que para hablar de futbol contratan gente que sabe, y así para las demás secciones, ¿Entonces por qué la música no merece el mismo tratamiento?
Tal vez por eso es que cuando a un niño en el colegio le piden un xilófono cromatico en la lista de útiles escolares, nadie en la tienda sabe que carajos puede ser ese aparato con tan extraño nombre y tan extraña característica. ¿Qué pensarían si le pidieran un eufonio?
Si queremos ser un país que entienda que lo que pasó en Cartagena no fue lo que nos hicieron ver los diarios, falta educar, y no es dificil, sólo que nos pueden más las ganas de matarnos.
jueves, enero 11, 2007
jueves, diciembre 21, 2006
Little miss sunshine, una revelación

Ayer se agregó una película a mi lista de afectos cinematográficos. Se trata de Little miss sunshine. Una familia norteamericana común, digamos. El padre, un hombre con la ambición de convertir a su plan de nueve pasos para alcanzar la felicidad y ser un ganador, en el próximo éxito en ventas de la sección autosuperación de las librerías. La madre, una mujer trabajadora y respetuosa de la vida de los demás, que fuma a escondidas de su esposo y tiene el rostro algo cansado. Su hermano, gay suicida, experto en Proust, desilucionado de las relaciones y abandonado por la academia, donde muchas veces triunfa más la inteligencia para venderse que la inteligencia misma,una típica confusión contemporanea. El hijo, un adolescente con aspiraciones de altísima pureza espiritual, imbuído en un ambiente de vidas frustradas e ilusiones rotas, sumido en un voto de silencio alentado por la lectura de Nietzsche. La hija, una niña lindísima que quiere ser reina de belleza, y mira sin parar en su televisor, cómo las reinas fingen cada gesto, para después imitarlas a su manera. Y por último el abuelo, un cocainómano pornoadicto, franco y descarnado, que entrena a su nieta para ser reina de una manera bastante particular. En fin, una familia típica, con la cual el cocktail fílmico es de lo mas divertido, tierno, dramático, duro y único, que he visto desde hace mucho. Por eso entra en mi lista de afectos, y por eso no sigo hablando de ella, para que se animen a verla.
miércoles, diciembre 13, 2006
Noticias desde el sur
CARTA AL VIENTO
Querido viento,
Resulta que Puerto Madryn no es un lugar inhóspito como temía, sino en cambio una ciudad que aunque pequeña cuenta con restaurantes, pizzerías, tiendas donde se sirven elegantes tés galeses y bueno, hasta un hotel boutique. Así que no tiene nada que ver con el moridero en medio del desierto que me esperaba. Pero es que después de andar 1.600 kilómetros por una carretera que se hacía cada vez más estrecha, divisando el mismo paisaje que no se cansaba de repetirse hasta la nausea, es muy difícil imaginar que se llegará a un lugar con tantas comodidades. Tal vez sean mis recuerdos de lugares en Colombia, los que contaminan mis expectativas de cuanto lugar visito. Sitios donde la energía llegaba por horas, el calor te sumía en un sopor que no te dejaba pensar en otra cosa distinta que !AGUA!, y tantas otras pequeñas calamidades que en últimas reforzaban el hecho de que te encontrabas lejos, lejos de lo que conocías y te era propio, de la seguridad del hogar. Pero en Puerto Madryn eso no pasa, aunque sea el punto más austral en el que he estado, eso no me pasa.
Buenos Aires es enorme, no te das cuenta de sus dimensiones hasta que tienes que salir de ella, y pasas horas en la ventanilla de un bus de dos pisos viendo cómo los edificios se suceden uno tras otro, sin más en el horizonte que esos mismos edificios para mirar. No da lástima dejarla, pero te deja con ganas de más igual, puede ser como una adicción.
Mañana iremos a ver ballenas y otros animales de mar que suelen estacionarse por estos lares, para fortuna de los habitantes de esta ciudad sin atractivo mayor que el mar, que siendo justos, es siempre un atractivo mayor. Después iremos más al sur, hasta que nos cansemos de ser turistas y se nos acabe el dinero, cosas que anticipo sucederán simultáneamente.
Creemos que nos robaron la cámara, pero yo guardo la esperanza de que la hayamos dejado en el apartamento de recoleta donde nos quedamos (los que conocen sabrán que recoleta es un barrio cheto, y lo nombro sólo por joder), Carlos en cambio quiere creer que se la robaron unos argentinos que iban en el mismo bus, y así poder aumentar su odio hacia los chirris, como él los llama. Pero yo sé que no son muy serias sus acusaciones, de todas formas da rabia no poder tomar fotos y culparlos a ellos es siempre mejor que culparse a uno mismo. Pero no será la primera vez que no tomo fotos, esas emulas del recuerdo que tienden a ponernos tristes, aunque hasta depronto me animo y compro una descartable, no sé.
Estamos en Puerto Madryn y la playa nos espera para una caminata nocturna.
Chau.
Querido viento,
Resulta que Puerto Madryn no es un lugar inhóspito como temía, sino en cambio una ciudad que aunque pequeña cuenta con restaurantes, pizzerías, tiendas donde se sirven elegantes tés galeses y bueno, hasta un hotel boutique. Así que no tiene nada que ver con el moridero en medio del desierto que me esperaba. Pero es que después de andar 1.600 kilómetros por una carretera que se hacía cada vez más estrecha, divisando el mismo paisaje que no se cansaba de repetirse hasta la nausea, es muy difícil imaginar que se llegará a un lugar con tantas comodidades. Tal vez sean mis recuerdos de lugares en Colombia, los que contaminan mis expectativas de cuanto lugar visito. Sitios donde la energía llegaba por horas, el calor te sumía en un sopor que no te dejaba pensar en otra cosa distinta que !AGUA!, y tantas otras pequeñas calamidades que en últimas reforzaban el hecho de que te encontrabas lejos, lejos de lo que conocías y te era propio, de la seguridad del hogar. Pero en Puerto Madryn eso no pasa, aunque sea el punto más austral en el que he estado, eso no me pasa.
Buenos Aires es enorme, no te das cuenta de sus dimensiones hasta que tienes que salir de ella, y pasas horas en la ventanilla de un bus de dos pisos viendo cómo los edificios se suceden uno tras otro, sin más en el horizonte que esos mismos edificios para mirar. No da lástima dejarla, pero te deja con ganas de más igual, puede ser como una adicción.
Mañana iremos a ver ballenas y otros animales de mar que suelen estacionarse por estos lares, para fortuna de los habitantes de esta ciudad sin atractivo mayor que el mar, que siendo justos, es siempre un atractivo mayor. Después iremos más al sur, hasta que nos cansemos de ser turistas y se nos acabe el dinero, cosas que anticipo sucederán simultáneamente.
Creemos que nos robaron la cámara, pero yo guardo la esperanza de que la hayamos dejado en el apartamento de recoleta donde nos quedamos (los que conocen sabrán que recoleta es un barrio cheto, y lo nombro sólo por joder), Carlos en cambio quiere creer que se la robaron unos argentinos que iban en el mismo bus, y así poder aumentar su odio hacia los chirris, como él los llama. Pero yo sé que no son muy serias sus acusaciones, de todas formas da rabia no poder tomar fotos y culparlos a ellos es siempre mejor que culparse a uno mismo. Pero no será la primera vez que no tomo fotos, esas emulas del recuerdo que tienden a ponernos tristes, aunque hasta depronto me animo y compro una descartable, no sé.
Estamos en Puerto Madryn y la playa nos espera para una caminata nocturna.
Chau.
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Diario y explicaciones que nadie ha pedido
miércoles, noviembre 22, 2006
Pendejadas en serio
domingo, noviembre 12, 2006
Domingo

Vengo de la nueva tienda Falabella, esa cadena chilena omnipresente en todo lo que signifique negocios, y me acabo de enterar que existen un montón de objetos y artículos que desconocía y que necesito. Vivía en la ignorancia, era falsamente feliz, pero ahora que sé que hay tantas cosas diseñadas y pensadas para mí; para mi felicidad, para mi comodidad, para mi diversión, para disimular mi estupidez, para mi placer; ahora que lo sé, no puedo ser tan feliz como antes.
Entonces quiero tenerlo todo, lo que pensé que necesitaba y lo que nunca imaginé podría querer. Hago cuentas en mi mente, descabellados razonamientos que me hacen comparar situaciones que no coinciden. Pienso que si hay alguien capaz de comprar una botella de vino de 800.000 pesos, como la que vi en el Carrefour cercano a mi casa (y que recorro solo, casi secretamente cuando siento el vacío capitalista) y que en una cena la destapa, no sin antes alardear su precio, y la ofrece a amigos y familiares creyéndose mejor persona. Si hay alguien así, por qué no puedo yo querer un par de zapatos que cuestan una octava parte de ese líquido rojizo apreciado como el oro que saldrá irremediablemente amarillo (ahora sí como el mismo oro), y se instalará con todo lo demás en el fondo de la taza del baño.
Un par de zapatos, unas camisetas, varios discos, un par de libros, un capuchino, sentirme mejor, creerme mejor.
Pero no. No he comprado nada. No fui para eso al centro comercial. Fui para ver a la gente, para sorprenderlos mientras me veían. Mujeres, hombres, niñas y niños. Caminando en hordas. Comprando, sorprendiéndose como yo, con lo mucho que hay y con lo poco que tienen, sintiendo insatisfacción, sustituyendo todo vacío con un helado, con un trozo de carne, con unos zapatos, o con sólo mirar.
Después llegó a mí la nostalgia. En un café, con una revista Soho, con un artículo de Felipe Zuleta, el cual recuerdo por sus columnas breves en el espectador, y por la facilidad con que cambiaba de opinión, por su humanidad en últimas. El artículo habla de los mejores amigos. Su mejor amigo es su pareja. Hay una foto de él y Cesar, de quien se enamoró cuando aún no existían ni theatron ni programas conducidos por maricas, cuando yo veía los clasificados del tiempo en la sección adultos, y descubría que había sitios extraños, donde hombres iban a estar desnudos, y fantaseaba, y tenía miedo.
Ahora sé que no quiero unos zapatos. Quiero a mi mejor amigo, lo quiero conmigo, para poder decirle estas cosas entupidas que pienso, para reír y ser feliz con su risa. Quiero a Carlos, con quien sería feliz rompiendo botellas de vino de 800.000 pesos, orinándonos en la estupidez del mundo.
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