Leí esto en una cartelera del conservatorio. Buscándolo en internet lo encontré de nuevo en la página Bogomusic y de ahí me lo apropié para ponerlo aca con algunos cambios y dos adiciones criollas. Espero los divierta como a mí.
Recientes estudios científicos revelaron que la música de ciertos compositores influía en el desaorrollo de los niños, si estos la escuchaban a temprana edad. A continuación un listado de los distintos efectos encontrados.
EFECTO PAGANINI: El niño habla muy rápido y con palabras extravagantes pero nunca dice nada importante.
EFECTO BRAHMS: el niño habla con una gramática y un vocabulario maravillosos siempre que sus frases contengan múltiplos de 3 (3, 6, 9 palabras, etc.). Sin embargo, sus frases de 4 o 8 palabras resultan bobas y poco inspiradas.
EFECTO WAGNER: el niño se torna megalómano. Es posible que termine casándose con su hermana.
EFECTO BRUCKNER: El niño habla muy lento, se repite con frecuencia y adquiere reputación de profundidad.
EFECTO MAHLER: el niño grita sin parar a todo pulmón durante varias horas diciendo que se va a morir.
EFECTO SCHOENBERG: el niño nunca repite una palabra antes de usar todas las otras de su vocabulario. A veces habla al revés y con el tiempo la gente le deja de poner atención. El niño opina que esto se debe a la incapacidad de la gente de entenderlo.
EFECTO IVES: el niño desarrolla una habilidad fenomenal para mantener varias conversaciones al mismo tiempo.
EFECTO STRAVINSKY: el niño tiene una tendencia pronunciada a explosiones de temperamento salvaje, estridente y blasfemo que frecuentemente causan escándalos en el jardín infantil.
EFECTO JOHN CAGE: el niño no habla nada durante 4 minutos y 33 segundos. Es el niño preferido de 9 de cada 10 profesores.
Otra versión de EL EFECTO JOHN CAGE ES: El niño no dice nada durante 4 minutos y 33 segundos. De diez profesores, cinco creen que es un idiota y los otros cinco que es un genio.
EFECTO BOULEZ: el niño balbucea bobadas todo el tiempo. Después de un tiempo a la gente ya no le parece gracioso, sin embargo poco importa pues sus amiguitos creen que es un genio.
EFECTO PHILLIP GLASS: el niño acostumbra decir lo mismo una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez…Aunque él asegura que nunca dice lo mismo, nadie se ha quedado escuchándolo mucho tiempo para comprobarlo.
EFECTO ARVO PÄRT: el niño dice tan solo cuatro palabras y deja sumidos a todos lo que lo oyen en una profunda depresión.
Y para la fauna local me atrevo a formular los siguientes:
EFECTO RODOLFO ACOSTA: el niño aparece inscrito en muchos colegios simultáneamente, públicos y privados. Sin embargo nadie dice conocerlo y menos haber oído de él.
EL EFECTO MOISÉS BERTRÁN: el niño habla con acento extraño, al parecer porque quiere imitar a todos los niños anteriormente citados.
sábado, abril 21, 2007
viernes, abril 13, 2007
Mas basura
El anterior escrito fue motivado por un artículo de la revista semana que leí en su versión electrónica. En él, la falta de un periodismo cultural se hace más que evidente. Quienes están opinando en este país sobre "cultura" son un puñado de idiotas, con silicona en el cerebro y poder inmerecido para transmitir su baba. Lo peor de todo el asunto es que tienen credibilidad, aunque en sus escritos sólo se lea la palabra basura. Pues sí, nos hemos vuelto consumidores de basura y basura decidieron darnos. En forma de protesta les dejo el siguiente párrafo:
Basura basura basura basura basura basura, basura basura basura basura. Basura, basura, basura , basura, basura , basura, basura, basura, basura basura basura. Basura basura basura basura basura.
Despues de escribirlo varias veces, se refunde el significado y sólo queda la imagen, o en mi caso el sonido; la forma, no el contenido.
Da rabia que nos ganen la batalla los medios, y que nos hayan hecho olvidar de los contenidos. La cultura ahora es silicona, culo y baba.
Por otro lado, quedé impresionado con un grupo de danza que vi en televisión (claro está, no lo vi en rcn ni en caracol), lastimosamente no alcancé a verlo desde el comienzo, y los créditos del final pasaron tan rapido que me cogieron de sorpresa y apenas quedé con la vaga información de que era un grupo de danza brasilero, aunque por la calidad del montaje pensé sería europeo, más no, no en toda latinoamérica se conforman con un par de tetas. La coreografía, el diseño del escenario, la música, todo maravillosamente junto. Y yo leyendo basura. Si alguien tiene el dato se lo agradecería. Lo pasaron en film and arts, y la escenografía era un simple y bellisimo juego de luces, donde predominaba el rojo.
Basura basura basura basura basura basura, basura basura basura basura. Basura, basura, basura , basura, basura , basura, basura, basura, basura basura basura. Basura basura basura basura basura.
Despues de escribirlo varias veces, se refunde el significado y sólo queda la imagen, o en mi caso el sonido; la forma, no el contenido.
Da rabia que nos ganen la batalla los medios, y que nos hayan hecho olvidar de los contenidos. La cultura ahora es silicona, culo y baba.
Por otro lado, quedé impresionado con un grupo de danza que vi en televisión (claro está, no lo vi en rcn ni en caracol), lastimosamente no alcancé a verlo desde el comienzo, y los créditos del final pasaron tan rapido que me cogieron de sorpresa y apenas quedé con la vaga información de que era un grupo de danza brasilero, aunque por la calidad del montaje pensé sería europeo, más no, no en toda latinoamérica se conforman con un par de tetas. La coreografía, el diseño del escenario, la música, todo maravillosamente junto. Y yo leyendo basura. Si alguien tiene el dato se lo agradecería. Lo pasaron en film and arts, y la escenografía era un simple y bellisimo juego de luces, donde predominaba el rojo.
miércoles, abril 11, 2007
De cómo un anónimo se arrepiente y aún así no queda conforme
Una bebida en mi mano; siempre algo de licor, no demasiado, el suficiente para sentirme ligeramente distinto, alterado. Miles Davis restregándome su improvisada perfección en cada frase, en cada prodigioso error de su trompeta ronca. Un libro en la otra mano, primero Nabokov desplegando toda su destreza para no decirme nada, y aún así maravillarme, después Caicedo, vivo en cada palabra, intenso, siento su respiración en la nuca, tan agitada como la mía pero irremediablemente más vital. Y entonces se manifiesta, el malestar ataca, me pone en pie y me arrastra hasta el computador, que dormía lastimosamente en una habitación sin gracia. Ni la bebida (aunque aún me acompaña), ni la suerte de melancolía de Miles, pudieron retenerme en ese momento de tranquilidad y equilibrio perfecto. Tenían que venir las palabras a interrumpir, violentas y torpes, como militares de una dictadura buscando pistas en una biblioteca. Y para qué, para no saber qué decir, para estar pensando y repensando cada palabra en esta suerte de estreñimiento retórico? Mierda, qué gran mentira. Hoy hice algo malo, injurié a un desconocido anónimamente, y me importó más la pulcritud de la injuria, su perfecta redacción, que la injuria misma. Es tonto pensar en eso, pero me sentí obligado a opinar y decir mitómano insufrible, a un tipo que vi una sola vez en mi vida, pero que terminó por entrometerse en conversaciones y pensamientos míos, sin proponérselo tal vez, pero incomodando, como todo dios falso. El caso es que ahí estaba el artículo, evidenciando una gran farsa, y ahí estaban sus seguidores ignorantes, ayudando a enturbiar lo que para mí es nítido e indiscutible: que este tipo es un farsante. No tengo pruebas, más que el sentido común y la lógica de marras. Pero aún así no me cabe duda de que la revista miente, que él miente, que sus seguidores creen en sus mentiras, que si no supiera lo que sé, no estaría escribiendo esto. Y entonces dudo de la supuesta integridad de la revista, de sus pomposos periodistas, de su historia intachable. Y qué tal que sí sea lo que dicen es, y sus conciertos cambien vidas, y llamarle maestrísimo sea apenas una mera cortesía al no encontrar palabras para describir lo que hacen sus dedos con el piano. Que tal que sea yo el equivocado, que mi ignorancia me haya dejado ciego y vea tan sólo el santo. Entonces me arrepiento de haber sido tan banal y ligero calificando con denuestos a un pobre tipo que podría ser fácilmente el mejor pianista de Colombia, y por que no, del mundo, del universo, porque si hay reinas universales debería haber también pianistas, y su estrafalario proceder sea el de un genio y no el de un farsante. Busqué en Google, en altavista, su nombre aparecía en dudosos artículos, nada que me dirigiera en la dirección del “loco genial” y no en mi propia versión de esa frase, la de “loca insufrible”. Más tarde vino el comentario de una tal Luz Angela, con quien sé, estudió. Lo ratificaba todo, le daba ánimos y me dejaba a mí sin palabras. ¿Estaba siendo injusto acaso? ¿Su éxito me molestaba tanto como para estar actuando mezquinamente sin sentido de la realidad, impulsado por la envidia y el temor al propio fracaso? No sé aún, pero volví a la página del nefasto artículo que tanta zozobra me produjo y escribí otro comentario, esta vez sin seudónimo, tratando de ser lo menos destructivo posible, como me enseñaron en esa clase aburridísima del colegio que reemplazó a la de religión. ¡Toda crítica debe ser constructiva! Casi un eslogan, un modo de vida, una moral y una ética. Creo haberlo logrado. Salirme con la mía dándole algo de crédito fue posible, como siempre, con artilugios retóricos y falsa erudición. No quedo conforme, quiero verdad, poder opinar sobre lo que digan mis oídos, no aportar más confusión e ignorancia al asunto. En definitiva, bien por él, sea cual sea su logro, y mal por mí. Lancé injurias que dolieron, o más bien, mezclé dos asuntos que no debían estar juntos con esa intención, la de causar daño, y calaron, pues la avalancha de frases reivindicatorias fue superior a cualquier expectativa mía al respecto. Lamento haber mentido, o haber confiado en mentiras de otros, que viene a ser lo mismo. Mas ratifico lo que pienso, y si les parece excesivo todo este asunto, discúlpenme, tenía que hacerlo. Aunque perfectamente hubiera podido quedarme en mi silla, con Miles y Caicedo, alejado del mundo y sus trampas. No fue así, y este escrito es la consecuencia.
lunes, marzo 26, 2007
Más que un niño y su peluche
Los recreos del colegio solían ser bastante aburridos, pero nunca tanto como para quitarle el primerísimo puesto del aburrimiento a las clases, donde siempre (recuerdo) el ingenio se aplicaba magistralmente en sentido opuesto al que creo debe aplicarse a toda intención de transmitir conocimiento: el de divertir. Tal vez por esa carencia crónica, terminé aborreciendo las aulas y lo que de ellas sale.
Mis mejores recreos fueron los que pasé en la biblioteca, algunas veces solo y otras acompañado, leyendo las tiras cómicas de la revista Los Monos de El Espectador, que juiciosamente eran encuadernadas por la ayudante de la biblioteca, y puestas en los estantes de la sección infantil después de cada domingo.
Mi tira cómica preferida era Gardfield. Fue con él que reí por primera vez ante algo que leía (y veía). Su humor me enseñó que las letras no son necesariamente aburridas, aunque mis profesores se esforzaran con saña en hacerme creer lo contrario. Si a alguien le debo el gusto por la lectura, es a Gardfield y los recreos que pasábamos juntos, mientras los demás niños jugaban fútbol (deporte que más que todo me produjo ansiedad y humillación), o se dedicaban a espichar sus bolsas de gomitas de distintos colores, hasta hacer de ellas una masa café viscosa.
No recuerdo en qué momento dejé de ir a la biblioteca, tal vez agoté rápidamente lo que ella podía ofrecerme en materia de diversión, y aún no encontraba cómo podía ser divertida una enciclopedia. El caso es que dejé de ir, y mis recreos volvieron a ser los de antes: o jugaba fútbol, o era marica. Yo prefería espichar gomitas y andar por ahí antes que vérmelas con el balón, si eso me hacía marica, cuando a duras penas concebía el sexo como algo humano, pues eso fui; uno que prefería ir a leer tiras cómicas a la biblioteca o pasear sin rumbo por el colegio, antes que recibir las burlas y los golpes propios de los machos en su estado natural, el de la barbarie.
Por suerte después vinieron los libros, los de verdad, “sin dibujos”, y la sorpresa de encontrar imágenes en mi cabeza para cada palabra, aunque lo que leía fuera tan ajeno a mi realidad como una peste en Omán, o el delirio de un saxofonista de jazz por las calles de Paris en los 50’s.
Fue mucho tiempo después que me interesé de nuevo en las tiras cómicas. En Piacenza, donde pasé largas temporadas de soledad volviéndome loco, un día preferí leer los tres libros que tenía una amiga con recopilaciones de tiras cómicas de Calvin and Hobbes, a ir al conservatorio. Reí como no lo hacía desde los recreos del colegio y recuperé mi gusto por la lectura.
Por eso desde entonces busco autores que me diviertan (no siempre haciéndome reír, pues la diversión es un concepto más amplio y no tiene nada que ver con su repugnante impostor: el entretenimiento).
Pero el humor y la inventiva escasean en la literatura, no se dan fácilmente. Fue Manuel Hernández, en un taller de narrativa en LosAndes, el que me hizo caer en cuenta de lo cómico de La metamorfosis. Gregorio Samsa se despierta y se encuentra convertido en un insecto ¿Puede haber algo más divertido? Esa visión no existencialista del libro fue reveladora, las calamidades humanas pasaron a causarme enormes carcajadas internas, y no sendos cuestionamientos sobre mi lugar en el cosmos. Desde ahí, empecé a leer con otros ojos. Aunque a veces me sentí frívolo buscando diversión donde otros buscan saber y conocimiento, pronto encontré que no era el único. Otros también encontraban placer describiendo el mundo cómo una sucesión de hechos potencialmente divertidos. Entre ellos Cortazar, Echenique, Amis, Monterroso, Arlt, a quienes agradezco su sana versión de lo que puede ser escrito.
Y bueno, todo este prologo inoficioso para rendirle un pequeño homenaje a esa tira cómica que me devolvió la fe en las letras, y que me sacó por unas horas de mi agobiante mundo interno de entonces.
Datos curiosos:
Calvin fue nombrado por Calvino, y Hobbes por el filósofo inglés (no alemán, como ingenuamente creí).
El autor de la caricatura decidió no comercializar la imagen de sus personajes, por eso no se encuentran mugs ni almohadas con las caras de ellos (al menos no oficiales).
Desde diciembre del 95 no hay nuevas historietas de Calvin y su peludo amigo.
La última línea de estos personajes entrañables fue: Es un mundo mágico, Hobbes viejo amigo! (Ante el paisaje recién nevado), y en el último panel, Calvin exclama: ¡Vamos a explorarlo!
Mis mejores recreos fueron los que pasé en la biblioteca, algunas veces solo y otras acompañado, leyendo las tiras cómicas de la revista Los Monos de El Espectador, que juiciosamente eran encuadernadas por la ayudante de la biblioteca, y puestas en los estantes de la sección infantil después de cada domingo.
Mi tira cómica preferida era Gardfield. Fue con él que reí por primera vez ante algo que leía (y veía). Su humor me enseñó que las letras no son necesariamente aburridas, aunque mis profesores se esforzaran con saña en hacerme creer lo contrario. Si a alguien le debo el gusto por la lectura, es a Gardfield y los recreos que pasábamos juntos, mientras los demás niños jugaban fútbol (deporte que más que todo me produjo ansiedad y humillación), o se dedicaban a espichar sus bolsas de gomitas de distintos colores, hasta hacer de ellas una masa café viscosa.
No recuerdo en qué momento dejé de ir a la biblioteca, tal vez agoté rápidamente lo que ella podía ofrecerme en materia de diversión, y aún no encontraba cómo podía ser divertida una enciclopedia. El caso es que dejé de ir, y mis recreos volvieron a ser los de antes: o jugaba fútbol, o era marica. Yo prefería espichar gomitas y andar por ahí antes que vérmelas con el balón, si eso me hacía marica, cuando a duras penas concebía el sexo como algo humano, pues eso fui; uno que prefería ir a leer tiras cómicas a la biblioteca o pasear sin rumbo por el colegio, antes que recibir las burlas y los golpes propios de los machos en su estado natural, el de la barbarie.
Por suerte después vinieron los libros, los de verdad, “sin dibujos”, y la sorpresa de encontrar imágenes en mi cabeza para cada palabra, aunque lo que leía fuera tan ajeno a mi realidad como una peste en Omán, o el delirio de un saxofonista de jazz por las calles de Paris en los 50’s.
Fue mucho tiempo después que me interesé de nuevo en las tiras cómicas. En Piacenza, donde pasé largas temporadas de soledad volviéndome loco, un día preferí leer los tres libros que tenía una amiga con recopilaciones de tiras cómicas de Calvin and Hobbes, a ir al conservatorio. Reí como no lo hacía desde los recreos del colegio y recuperé mi gusto por la lectura.
Por eso desde entonces busco autores que me diviertan (no siempre haciéndome reír, pues la diversión es un concepto más amplio y no tiene nada que ver con su repugnante impostor: el entretenimiento).
Pero el humor y la inventiva escasean en la literatura, no se dan fácilmente. Fue Manuel Hernández, en un taller de narrativa en LosAndes, el que me hizo caer en cuenta de lo cómico de La metamorfosis. Gregorio Samsa se despierta y se encuentra convertido en un insecto ¿Puede haber algo más divertido? Esa visión no existencialista del libro fue reveladora, las calamidades humanas pasaron a causarme enormes carcajadas internas, y no sendos cuestionamientos sobre mi lugar en el cosmos. Desde ahí, empecé a leer con otros ojos. Aunque a veces me sentí frívolo buscando diversión donde otros buscan saber y conocimiento, pronto encontré que no era el único. Otros también encontraban placer describiendo el mundo cómo una sucesión de hechos potencialmente divertidos. Entre ellos Cortazar, Echenique, Amis, Monterroso, Arlt, a quienes agradezco su sana versión de lo que puede ser escrito.
Y bueno, todo este prologo inoficioso para rendirle un pequeño homenaje a esa tira cómica que me devolvió la fe en las letras, y que me sacó por unas horas de mi agobiante mundo interno de entonces.
Datos curiosos:
Calvin fue nombrado por Calvino, y Hobbes por el filósofo inglés (no alemán, como ingenuamente creí).
El autor de la caricatura decidió no comercializar la imagen de sus personajes, por eso no se encuentran mugs ni almohadas con las caras de ellos (al menos no oficiales).
Desde diciembre del 95 no hay nuevas historietas de Calvin y su peludo amigo.
La última línea de estos personajes entrañables fue: Es un mundo mágico, Hobbes viejo amigo! (Ante el paisaje recién nevado), y en el último panel, Calvin exclama: ¡Vamos a explorarlo!
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Diario y explicaciones que nadie ha pedido
domingo, marzo 11, 2007
Mi primera marcha, que nunca fue tal
Estaba solo. Me encontraría con N en el planetario. Le colgué y alcancé tan sólo a dar unos pasos cuando vi la avalancha de gente venir hacía mi, una tanqueta echando agua y el aire enrarecido por los gases. La llamé de nuevo. Me contestó agitada, estaba entre la avalancha y como yo, había alcanzado a respirar el aire maligno. La garganta me picaba y los ojos lagrimeaban. Corrí hacia una esquina del centro internacional y desde allí vi a algunos manifestantes arremeter con piedras contra los vidrios de un Banco. Creo que ese fue el inicio de lo que en los medios llamaron actos vandálicos. Si en un principio fueron pocos los que se animaron a lanzar piedras, en corto tiempo se hizo un buen grupo que contemporáneamente, destruían ventanales a ambos lados de la séptima y corrían hacia el norte, donde otros edificios de entidades bancarias esperaban inermes a que llegaran las primeras rocas. Vi a algunos participantes destruyendo bolardos para convertirlos en armas contundentes. N no aparecía, pero lográbamos actualizarnos y pasarnos pormenores de lo que veíamos en distintos puntos, gracias a nuestros celulares. Los manifestantes tuvieron mucho tiempo para hacer de las suyas sin que apareciera el más mínimo aparato represor de la fuerza pública. Un policía de tránsito fue arrojado de su moto y golpeado brutalmente, pero no pasó a mayores pues la pronta intervención de voces conciliadoras logró alejar a quienes pateaban y golpeaban maquinalmente. Aunque intentaba alejarme de la ola de violencia, parecía que cualquier sitio que decidiéramos con N para encontrarnos, era justo el que escogían para atacar. Me vi corriendo y esquivando piedras a los largo de la séptima. Las cosas ya se habían salido de control, y yo entretanto me preguntaba: ¿y la fuerza pública?. El instinto de conservación me hacía pensar que tanta espera por parte de la policía era sólo una estrategia para justificar la violencia que vendría después. Tenía miedo. Por fin me encontré con N. También estaba sola y agitada. La vi caminar por entre los tira piedras con su celular en la oreja, mirando hacia todas partes para encontrarme, en una escena que me pareció hermosa, como ella. Ya juntos, seguimos caminando, y por fin logramos alejarnos un momento del epicentro, y desde allí, comentar perplejos el horror de la escena, pues no todos lo días se asiste al centro a ver cómo es destruido. Pero pronto tuvimos que correr de nuevo. Un par de tanquetas se aproximaban y los de el esmad con ellas. Bajamos por calles que desde la perspectiva del perseguido, parecen callejones sin salida. Entramos a un edificio de apartamentos, y en el lobby esperamos. La señora de la recepción se escondió tras el mostrador al vernos entrar, y tuve que decirle que se calmara y cerrara la puerta, en un tono que no me conocía. Claro, para ellos éramos terroristas. Pero ahí no podíamos estar mucho tiempo, así que salimos a la calle sin saber bien para donde coger. En la trece sonaban disparos, en la caracas rompían más vidrios y las tanquetas reprimían, la séptima era territorio esmad. Esperamos algo aturdidos hasta que nos decidimos a seguir por la caracas. Las cosas ya se habían calmado. Pudimos ver a un celador barrer con rabia los escombros de vidrio del concesionario de motos que cuidaba. Los manifestantes fueron todos dispersados hacia la soledad y teusaquillo, por donde más tarde caminamos y presenciamos detenciones selectivas apoyadas con violencia, a personas que como nosotros, sólo caminaban por ahí. Pero no podría asegurar que fueran inocentes, igual nada justificaba la vioencia con la que lo hacían. Informantes y sapos espontaneos ayudaron a que las capturas fueran efectivas, pues no se podían ir con las manos vacías, aún sabiendo que su aletargado accionar fue planeado, porque de otra forma no se puede explicar el que hayan esperado tanto. En realidad fueron muchos los que participaron tirando piedra y saqueando, pero las capturas no se hicieron en el momento, y dudo mucho que las que se efectuaron, hayan sido a quienes lo hicieron. Para entonces, Bush estaba más que acomodado en el Palacio de Nariño, sonriendo estúpidamente ante las cámaras, y eludiendo preguntas incómodas de los periodistas.
Acomodado en un sofa, vi el noticiero de la noche. La noticia simpática de la visita, según la periodista que hacía la nota, era que Bush cambió la imagen que tenía de la ciudad, influida sin duda por el cine basura de su país, que muestra un villorrio ardiendo en medio de la selva cuando habla de Bogotá. El presidente admitió que era distinto a lo que esperaba. Pero no, lo que vio Bush fue un conjunto de calles vacías, el centro de una ciudad enorme vacío, la Plaza de Nariño tan insulsa y fría como siempre, pero vacía. Bush visitó un lugar irreal, donde en vez de personas había militares, comió algún plato típico, seguramente paisa, que no le gustó, y que lo hizo pedorrearse en cuanta reunión tuvo después, saludó amablemente a cuanto lagarto se le apareció por delante, intercambió un par de palabras con Uribe que no definieron nada, fue elogiado y respetado, y se fue con su sonrisa a otro país latinoamericano, donde se repetirá la farsa. Mientras tanto, en algún lugar, 127 personas (oficialmente) esperan a que eso que hicieron, no sea tan grave como para que la fuerza pública, haga eso que ellos creen que hace, con los que cogen en estas circunstancias, y sus motivos de odio, sean horriblemente reales. Lo que sé, es que si es así, no podrán hacer mucho. Espero que así no sea.
Acomodado en un sofa, vi el noticiero de la noche. La noticia simpática de la visita, según la periodista que hacía la nota, era que Bush cambió la imagen que tenía de la ciudad, influida sin duda por el cine basura de su país, que muestra un villorrio ardiendo en medio de la selva cuando habla de Bogotá. El presidente admitió que era distinto a lo que esperaba. Pero no, lo que vio Bush fue un conjunto de calles vacías, el centro de una ciudad enorme vacío, la Plaza de Nariño tan insulsa y fría como siempre, pero vacía. Bush visitó un lugar irreal, donde en vez de personas había militares, comió algún plato típico, seguramente paisa, que no le gustó, y que lo hizo pedorrearse en cuanta reunión tuvo después, saludó amablemente a cuanto lagarto se le apareció por delante, intercambió un par de palabras con Uribe que no definieron nada, fue elogiado y respetado, y se fue con su sonrisa a otro país latinoamericano, donde se repetirá la farsa. Mientras tanto, en algún lugar, 127 personas (oficialmente) esperan a que eso que hicieron, no sea tan grave como para que la fuerza pública, haga eso que ellos creen que hace, con los que cogen en estas circunstancias, y sus motivos de odio, sean horriblemente reales. Lo que sé, es que si es así, no podrán hacer mucho. Espero que así no sea.
martes, marzo 06, 2007
Basura
¿Que por qué no escribo más hoja debida? Porque me cansé de dar explicaciones que ya ni a mí me interesan. Además me estoy rompiendo, y ya no sé qué parte de mí escribió eso. Tiendo a pensar que quedó tirada en alguna calle por la que ya no pienso volver a pasar; puede que un par de niños estén jugando con ella, o que las ratas la hayan devorado, pero seguramente sigue ahí mismo, sin perturbarle la vida a nadie, esperando a que el tiempo haga lo suyo, como lo hace con otros pedazos de basura.
lunes, febrero 05, 2007
Primera parte de mis conclusiones sobre ciertos aspectos de mi vida, en los que he pensado en este tiempo de ocio
HOJA DEBIDA
Cuando los académicos razonan fuera del recipiente
Ahora que soy un músico profesional, con un piche pregrado de una universidad tercermundista, y tengo una hoja de vida archivada (en el mejor de los casos) en distintas instituciones relacionadas con la enseñanza de la música en Bogotá, me doy cuenta que no le intereso a nadie como músico.
Toco piano. Mi formación fue clásica y me mamé varios estudios de toda clase y todo nivel, desde Hannon hasta Chopin, para lograr entrar a la élite de los que mueven los dedos a grandes velocidades y miran al techo de los auditorios en los momentos de mayor alcance místico. Pero nunca fui invitado a su fiesta de virtuosismo y perfección técnica. Tuve que contentarme con el placer que me da tocar sonaticas de Haydn (despreciadas por el público pianístico), cualquier cosa de Bach (que no acepta mediocridad), y últimamente Mompou, a quien creo entender y tocar sin sentir complejos.
Abandoné la composición en la academia, por arrogante más que otra cosa, pues sentía que nadie podía enseñarme nada, y que los modelos de enseñanza eran anacrónicos y descontextualizados, que de ellos no podría sacar otra cosa que frustración y un posible suicidio. Por eso huí a Europa, donde el panorama no era distinto, los compositores también viven de dar clases de teoría y sus composiciones no las conoce nadie.
Entonces me decidí por ser pianista. Luché con viejas mañas aprendidas de dudosos profesores que por ser rusos o polacos o búlgaros, suelen acampar de por vida en países con poca cultura musical, explotando los bolsillos de personajes arribistas o engañando a la academia con falsos títulos. Aprendí a ser paciente, y sólo toqué estudios y ejercicios por seis meses. Más tarde monté obras no muy difíciles, y toqué por primera vez ante un público totalmente desconocido. Recuerdo que en un concierto dedicado a la variación, donde yo intervine con mi versión de las variaciones en fa menor de Haydn, una señora acompañó con el sonido de sus pulseras las variaciones Goldberg, tocadas por otro alumno de mi maestro, perfectamente acoplada al ritmo. Por eso me atrevo a decir que además de desconocido, era un público conocedor. También participé en otro par de conciertos, y aunque en ninguno conocí la perfección, tuve buenos comentarios de gente que como les digo, nunca había visto.
Pero mi estadía en Europa fue corta, y huí de nuevo, pues el fantasma del fracaso y el suicidio no se había desvanecido.
De nuevo en Bogotá, con muchas preguntas de quienes me conocían, y pocas explicaciones mías, empecé a estudiar piano en la nacho, porque mi paso por Los Andes ayudó a ratificar mi posición social: no me interesaba más hacer parte de ese templo a la vanidad intelectual de la clase alta colombiana, convertida en un excelente lugar para las relaciones públicas. La gente como yo que estudia en un lugar así, lo hace para lograr amistades influyentes, que sin tener que pasar hojas de vida, terminen por situarlos a punta de elogios infundados, en un cargo de alguna dependencia del ministerio de cultura. No era mi caso, yo quería en serio ser compositor, pero en ese lugar no lo hubiera logrado, aunque de pronto el puesto en el ministerio sí.
Cuando los académicos razonan fuera del recipiente
Ahora que soy un músico profesional, con un piche pregrado de una universidad tercermundista, y tengo una hoja de vida archivada (en el mejor de los casos) en distintas instituciones relacionadas con la enseñanza de la música en Bogotá, me doy cuenta que no le intereso a nadie como músico.
Toco piano. Mi formación fue clásica y me mamé varios estudios de toda clase y todo nivel, desde Hannon hasta Chopin, para lograr entrar a la élite de los que mueven los dedos a grandes velocidades y miran al techo de los auditorios en los momentos de mayor alcance místico. Pero nunca fui invitado a su fiesta de virtuosismo y perfección técnica. Tuve que contentarme con el placer que me da tocar sonaticas de Haydn (despreciadas por el público pianístico), cualquier cosa de Bach (que no acepta mediocridad), y últimamente Mompou, a quien creo entender y tocar sin sentir complejos.
Abandoné la composición en la academia, por arrogante más que otra cosa, pues sentía que nadie podía enseñarme nada, y que los modelos de enseñanza eran anacrónicos y descontextualizados, que de ellos no podría sacar otra cosa que frustración y un posible suicidio. Por eso huí a Europa, donde el panorama no era distinto, los compositores también viven de dar clases de teoría y sus composiciones no las conoce nadie.
Entonces me decidí por ser pianista. Luché con viejas mañas aprendidas de dudosos profesores que por ser rusos o polacos o búlgaros, suelen acampar de por vida en países con poca cultura musical, explotando los bolsillos de personajes arribistas o engañando a la academia con falsos títulos. Aprendí a ser paciente, y sólo toqué estudios y ejercicios por seis meses. Más tarde monté obras no muy difíciles, y toqué por primera vez ante un público totalmente desconocido. Recuerdo que en un concierto dedicado a la variación, donde yo intervine con mi versión de las variaciones en fa menor de Haydn, una señora acompañó con el sonido de sus pulseras las variaciones Goldberg, tocadas por otro alumno de mi maestro, perfectamente acoplada al ritmo. Por eso me atrevo a decir que además de desconocido, era un público conocedor. También participé en otro par de conciertos, y aunque en ninguno conocí la perfección, tuve buenos comentarios de gente que como les digo, nunca había visto.
Pero mi estadía en Europa fue corta, y huí de nuevo, pues el fantasma del fracaso y el suicidio no se había desvanecido.
De nuevo en Bogotá, con muchas preguntas de quienes me conocían, y pocas explicaciones mías, empecé a estudiar piano en la nacho, porque mi paso por Los Andes ayudó a ratificar mi posición social: no me interesaba más hacer parte de ese templo a la vanidad intelectual de la clase alta colombiana, convertida en un excelente lugar para las relaciones públicas. La gente como yo que estudia en un lugar así, lo hace para lograr amistades influyentes, que sin tener que pasar hojas de vida, terminen por situarlos a punta de elogios infundados, en un cargo de alguna dependencia del ministerio de cultura. No era mi caso, yo quería en serio ser compositor, pero en ese lugar no lo hubiera logrado, aunque de pronto el puesto en el ministerio sí.
sábado, febrero 03, 2007
Cómo agregar vacío
Propuestas paralelas al día sin carro:
Día sin paras
Día del no trabajo
Día sin fe
Día sin patria
Día sin fronteras
Día sin balas
Día sin políticos
Día sin Shakira
Día sin televisión
Día sin celular
Día sin La FM
Día sin noticias de farándula
Día sin farándula
Día sin visas
Día sin torturas
Día sin Uribe
Algunas ya puestas en marcha, exitosamente, no sobra decir, en varios países:
Día sin agua
Día sin luz
Día sin comida
Día sin dignidad
Día sin trabajo
Día sin dinero
Día sin salud
(los esfuerzos han sido encomiables en estos asuntos, algunos países hasta gozan de años en ciertos items)
Por otro lado, quiero aclararle a los periodistas de este país, que Bob Geldof no es el cantante de pink floyd, ni lo fue nunca. Actuó en The Wall, película de Alan Parker, con música del citado grupo. Bob Geldof musicalmente es una basura, sus mayores meritos han sido ser un gran diplomático y tener las amistades precisas para poder congregar gente más famosa y más rica que él en varios escenarios, con fines sociales y mucha demagogia. Y bueno, es un tipo simpático, y hasta ahí llega su gracia. Pero ahora parece que todo el que llega a Cartagena es una divinidad, y los periodistas babean por ir a preguntar estupideces en el lobby del Santa Clara. A quien se puede culpar: a las facultades de comunicación social? al público enceguecido por tanto falso destello de "estrellas"? al arribismo cultural de nuestros medios?
Día sin paras
Día del no trabajo
Día sin fe
Día sin patria
Día sin fronteras
Día sin balas
Día sin políticos
Día sin Shakira
Día sin televisión
Día sin celular
Día sin La FM
Día sin noticias de farándula
Día sin farándula
Día sin visas
Día sin torturas
Día sin Uribe
Algunas ya puestas en marcha, exitosamente, no sobra decir, en varios países:
Día sin agua
Día sin luz
Día sin comida
Día sin dignidad
Día sin trabajo
Día sin dinero
Día sin salud
(los esfuerzos han sido encomiables en estos asuntos, algunos países hasta gozan de años en ciertos items)
Por otro lado, quiero aclararle a los periodistas de este país, que Bob Geldof no es el cantante de pink floyd, ni lo fue nunca. Actuó en The Wall, película de Alan Parker, con música del citado grupo. Bob Geldof musicalmente es una basura, sus mayores meritos han sido ser un gran diplomático y tener las amistades precisas para poder congregar gente más famosa y más rica que él en varios escenarios, con fines sociales y mucha demagogia. Y bueno, es un tipo simpático, y hasta ahí llega su gracia. Pero ahora parece que todo el que llega a Cartagena es una divinidad, y los periodistas babean por ir a preguntar estupideces en el lobby del Santa Clara. A quien se puede culpar: a las facultades de comunicación social? al público enceguecido por tanto falso destello de "estrellas"? al arribismo cultural de nuestros medios?
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