sábado, enero 19, 2008

Big shit

El universo se expande cada vez más rápido, la fuerza o energía que causa ese aceleramiento es desconocida. Algunos científicos creen que el destino último del universo se dará cuando la expansión sea tal, que no habría forma de mantener cohesión en la materia y se disgregará cada partícula en el espacio-tiempo y el universo, para aquellos dioses que tengan el privilegio, será un magnífico show de juegos pirotécnicos. Otros científicos creen que no sucederá tal cosa, sino todo lo contrario, que el universo implosionará, causando grandes dosis de insatisfacción en algunos dioses.

Una teoría se llama Big Rip, la otra Big Crush, y ambas nacen de la conocida por todos, Big Bang. Big Rip me da un poco de miedo, RIP es lo que está escrito en la cruz no? y si obviamos que no coinciden los idiomas, sería algo así como un gran descanso en paz. Requiescat in pace. El fin. Nada. Vacío. Silencio. Paz. El Big Crush me lo imagino como cuando se mata a una cucaracha de un buen chancletazo. Ahí está el universo; inquieto, volátil, siempre cambiante, exasperante a los ojos de un dios joven. Tan solo quitarse la chancla y zamparle un buen golpe. !!Zuaz!! crrrack. Adios cucaracha. Adiós universo cucaracha, adiós a tu insoportable inestabilidad. Y entonces el joven dios puede volver a la tranquilidad e ir a hacer lo que más le gusta: molestar a las hormigas, estallar caracoles contra superficies rocosas, intimidar a sus compañeritos más sensibles y hacerse la paja en baños públicos, cosas de jóvenes.

La energía oscura es aquello que causa la expansión, así le pusieron los científicos, pero en inglés, esas cosas generalmente se hacen en ingles. El caso es que no saben qué es, o eso dicen, de resto lo saben todo muy bien, hasta tienen una ecuación para saber cuando va a pasar eso que dicen va a pasar con el universo y saben su edad (la del universo) con un margen de error del 1%. ¿Muy bien no?. Hacen un buen trabajo y le ponen nombres chistosos a sus teorías. Por demás, escriben textos simpáticos, que si no fueran tan serios, podríamos leerlos como las disquisiciones de un grupo de locos en un sanatorio.

Pero esas cosas son serias. La ciencia, como yo me la imagino, es un juego de dioses insolentes. Nada serio. Nada importante.

Continuara…

domingo, diciembre 30, 2007

Aumenta la criminalidad infantil en los estados unidos

Aunque el verso; en cuanto a poesía, en cuanto a drama del lenguaje, en cuanto a posibilidad fonética, nunca ha sido de mi agrado, encontré esta joya en bruto, que tiene la fuerza de mil elefantes, y la brutalidad de una buena cachetada. Para esta época de bofetones metafóricos y estados de ánimo sibilinos, una buena dosis de amargura. ¡¡¡Y feliz año para nosotros los occidentales, arrogantes poseedores de una ignorancia globalizante!!!

Una moneda cae cara o cruz
como la cruz cae cristo o los ladrones,
como la cara cae gracia o sombra
como la luna cae estatua o perro
y al pie de ese deslinde
vela la Gran Costumbre.

La Gran Costumbre con capucha de avestruz
vela al pie del deslinde
para que una moneda caiga siempre cara
y toda cara siempre sombra caiga,
para que toda cruz sea Cristo,
para que el pie no salga de su huella vela la Gran Costumbre,
vela con largos dientes colgando sobre el labio cuneiforme,
baskerville, elzevir: el Código, ese nombre del hombre vuelto historia.

-Salud, maravillosos niños norteamericanos
llamados a la var la lepra hereditaria,
irrumpiendo en la sala cuando el padre y la madre miraban la TV
con una sana, perfecta puñalada, con un fierrazo en las cabezas
donde Kolynos o Goodyear vaciaban sus gusanos de manteca podrida
Saludo a Mervyn Rose, a Sandy Lee, a Roy McCall, a Dick pecoso y sucio,
y a lana Turner junior, capaz de hacer lo que no hará la silla eléctrica.

Salud jóvenes héroes, asesinos de un tiempo proxeneta.

Legítima defensa, muchachito, están tratando de violarte, te acorralan
con un bozal de enciclopedias, promoción y De Soto
con el dentrífico perfecto, el telegrama en fórmula de lujo,
con discos de Sinatra o del Cuarteto Húngaro
ve, gánales de mano,
no te vendo palabras, mátalos de verdad para que vivan,
quiero decir: arráncalos de cuajo,
haz pedazos la rueda de las ruedas, destruye a escupitajos una historia
que masturba sus monos al ritmo de las máquinas de Time
que entroniza princesas de ruleta católica,
que engendra putas para despreciarlas desde el lecho legítimo
con un desprecio que no irá jamás a un
almirante o a un obispo.
Oh niños asesinos, ah salvajes antorchas
fulminando a las tías comedoras de estampas y pantallas floreadas,
a los abuelos con medallas de honor en la entrepierna,
a los papás que pontifican experiencia,
a las mamás que cosen los botones con aire de martirio.
Una lata de nafta, un fósforo y se acaba:
la hoguera es una rosa
la noche se San Juan empieza, hosanna!

Mientras se viva así, en la Gran Costumbre,
mientras la historia siga su cópula gomosa con la Historia,
mientras el tiempo sua hijo del Tiempo
y preservemos las podridas efemérides
y los podridos héroes de desfile,
las caras serán sombra,
las cruces serán cristo,
y la luz del amargo kilowatio, el amor revancha y no leopardo.

(Algunos, pocos, viven desacostumbrándose.
los matan a montones, pero siempre
hay alguno que escapa,
que espera a la salida de la escuela
para alentar al colegial de ojos de hielo
y regalarle un cortaplumas.)


La vuelta al día en ochenta mundos, Julio Cortazar, Siglo XXI Editores.

miércoles, diciembre 12, 2007

Jueves 2:20 AM



Ya es la tercera vez que escucho You only live once de los Strokes, y además volví a eso de saber que carajos dicen las letras, y la busqué en Internet, entonces ando cantando mentalmente para no despertar a Carlos. Ahora es fácil saber qué dicen las canciones, internet está plagado de letras de canciones. Pero no es eso lo que quiero decir. Me gusta mucho esa cancion, y el video, aunque no es la gran cosa; una banda toca en un cuarto blanco, de las paredes brota como petroleo y los va tapando poco a poco, hasta que al final del video la banda queda totalmente sumergida en el liquido negro. Eso es todo. La canción es simple, como toda buena canción. Me gustan los gestos, cuando dice nice varias veces, como levanta la pierna el cantante, cosas pequeñas, la manera de cantar, casi gritada. Me encanta esa canción, y me gusta que me puso nostálgico en el buen sentido, y me hizo volver a los viejos grupos, los que me acompañaron en los años oscuros, que ahora, con el trasnoche y la voz del de Strokes diciendo nice nice nice de esa forma, se me hacen los mejores. Y no sé, debe ser una cosa generacional, estuve viendo varios videos. Supergrass, que me encanta tambien, Pulp, el de hard to explain, de los Strokes tambien, la primera canción que escuché de ellos, y veo que hay cosas en común, una suciedad que me atrae, la actitud, el pelo, cosas sencillas, pequeñas. Estética en ultimas, estética de una generación nostálgica y arrogante. Sucia. El mugre como estética, el desorden, las vidas que se viven, aunque suene raro, así, vidas que se viven, que son vidas, individualidad, aceptación, contradicción. Palabras que se me vienen así. Es tarde. Carlos duerme al lado mío, es bonito verlo dormir mientras escribo y oigo esta canción obsesivamente.
tres minutos y diez segundos empaquetados con lo mejor de la nostalgia. Lugares, situaciones, cervezas regadas, canciones, vomito, descontrol, saberse perdidos y cantarlo de la mejor manera, nada trasciende, todo es vida, y la vida también es muerte, asi que qué carajos, vivir, eso es lo que hay que hacer. Eso es lo que haré.

viernes, noviembre 23, 2007

Libro de caras

He vuelto a saber de gente del pasado. Gente que conocí y que pensé, nunca volvería a ver. Pero han vuelto. Llegan y escriben un par de cosas; nada muy comprometedor, nada muy específico, nada muy interesante, nada especial. Ponen fotos para que los demás las vean. De sus viajes, de sus fiestas, de sus lugares, de su gente, de sus caras interrumpiendo la vista de un edificio de esos que parecen importantes, por lo de imponentes, pero que en últimas sólo guardan infamias. Ya empiezo a irme por las veredas, así que me atajo y vuelvo a la carretera provincial, que aunque llena de huecos, me puede llevar a alguna parte. Ponen fotos y comentan, algunos ríen de esta forma: jajajaja, hehehehe, jijijiji (los más timidos). Preguntan algo y se van. Yo he intentado responder a esos arrebatos de pasado repentino, a esas ganas de no pasar en vano, de querer ser recordados. Pero aún no estoy convencido. Creo que hay gente que se pone feliz con un: si, me acuerdo de ti, o de usted, o de su cara, pero donde es que nos conocimos? No, a esa pregunta no se tiene derecho, el sistema lo hace todo. Te recuerda el nombre, la cara, el lugar de procedencia, el tipo de relación que tuviste con la persona, si fueron amigos, novios, simples conocidos circunstanciales (los más) donde vive actualmente, con quien sale, qué le gusta tomar, comer, vestir, hacer los viernes en la noche, qué pelis, qué música, en qué lugares prefiere el sexo y el estado de ánimo del momento. Es lo más cerca que podremos estar del otro, y con eso parecemos contentarnos. O más bien, es lo que el otro quiere mostrar de sí mismo, a lo que nos quiere acercar. Lo que nos aleja es todo lo demás, pero no nos damos cuenta. La fotos que no muestra, las cosas que no dice, las risas que nunca fueron.


Datos, imágenes, nada muy comprometedor, nada muy personal, nada. Eso es facebook, un libro de caras, y no pretende ser nada más. Pero yo sigo en las mismas, como cuando miro un retrato, quedo con lo que yo quiero ver de él. A veces me aburre, a veces me “entretiene”, a veces me da miedo.

sábado, octubre 27, 2007

Tánatos cotidiano

A veces pienso en la muerte. Son pensamientos rápidos y automáticos, como los que tengo para pensar en otras cosas de la vida. Cuando me vean distraído y con la mirada en otra parte, puede que esté pensando en la muerte. No necesariamente en la muerte propia, puedo estar pensando en la muerte en general, o sea en la muerte de los otros. Si parece que miro a un punto indeterminado, estoy mirando a la muerte en ese punto indeterminado que es sólo indeterminado para los demás, no para mí, que sé bien cual es. Puede ser un árbol altivo y frondoso o un matorral reseco; un grupo de niños que juegan a la pelota o un bus atestado de todo tipo de gente. No veo ni el árbol ni el matorral, ni los niños ni la gente sudorosa en el bus; veo su ausencia, su vacío. Me pregunto si los demás piensan en la muerte, es más: si han pensado en mi muerte, y en vez de verme por ahí caminando y haciendo esas cosas que hacemos los vivos, ven mi ausencia, mi vacío. Muchas veces me han formulado la siguiente pregunta con auténticas ganas de querer obtener una respuesta de mi parte: ¿en qué piensas? Son demasiadas las situaciones de la vida en que por alguna razón alguien quiere saber qué piensa uno. Cuando me preguntan eso y resulta que casualmente estoy (o estaba, es difícil definirle un tiempo al pensamiento) pensando en la muerte, respondo que en nada, que no pensaba en nada, y cuando estoy pensando en otras cosas distintas a la muerte, respondo lo mismo, a veces me animo a decir cualquier cosa y hasta logro convencerme de que en efecto estaba pensando en eso. Pero ahora que lo pienso, pensar es un ejercicio de vacío. Querer saber qué piensan los demás es inmiscuirse en el vacío de los otros, en sus zonas de muerte. Me pregunto qué es la muerte, la negación de la vida o el final necesario que la define. NO SÉ. NO SÉ NADA, DE LA MISMA MANERA EN QUE PIENSO EN NADA. Cuando veo a los demás perdidos en sus pensamientos, me asusta pensar que están viendo mi vacío, y el temor aumenta cuando les pregunto en qué están pensando y me responden que en nada, que no piensan en nada y esa respuesta resulta ser tan real como la muerte. Yo soy esa nada.

domingo, septiembre 23, 2007

I fotutti

-Aló
-Aló
-Si, con quien hablo?
-A quien necesita
-Raúl?
-No, a quien necesita?
-Pues a Raul, pero he de estar equivocado porque no reconozco su voz
-Eso parece
-Disculpe
-No hay problema


-Aló
-Otra vez marcó mal, le contesta la misma persona con la que habló hace unos segundos.
-Hágame un favor entonces, dígame qué número es ese
-Me temo que no voy a poder hacer eso, más bien dígame a qué número marcó usted
-Pero eso es ridículo, marqué a su número, y por eso me contesta usted, y está claro que si la primera vez pude haber marcado mal, no lo habría hecho la segunda, a menos que me tome usted por un total imbecil, que dado lo poco que nos conocemos, me parecería una completa falta de respeto.
-Le decía que no puedo dárselo porque la verdad no me lo sé.
-Y cómo, acaso no vive usted allá?
-Acaso tengo que vivir acá para contestar el teléfono? Creo que usted está confundido, bastan tan sólo tres condiciones para que yo conteste este teléfono, y ninguna de ellas implica el que yo viva en este sitio y me sepa el número.
-Ah, y cuales son esas tres condiciones, si me las puede decir?
-Claro que puedo, de otra forma no habría seguido con esta conversación absurda.
-Y yo puedo escucharlas, tal vez por la misma razón, así que adelante.
-Me basta con encontrarme en este lugar, tener la voluntad, y lo más importante, que alguien llame
-Alguien como yo
-Exacto, y disculpe que le diga, pero no es un apunte muy perspicaz de su parte
-Lo sé, tiendo a decir cosas obvias
-Y a hablar con extraños
-Por eso me dejó mi esposa
-¿Por hablar con extraños? ¡Pero que tirana!
-No, por decir cosas obvias
-¡Pero que tirana!
-Si, pero da igual, total, eso fue hace mucho
-Lo siento, pero si la mencionó fue por algo
-No se preocupe, y en parte tiene razón, si la mencioné fue por algo, pero no quisiera hablar de eso.
-Entonces asumo que quiere hablar de algo.
-Pues sí, es cierto que a veces se llama a alguien sin saber bien para qué, pero no es mi caso
-Y de qué se trata
-No, de ninguna manera pienso contarle, lo aburriría a muerte, mas bien lo…
-Espere, hay ruidos abajo, ahora vuelvo
-No se demore

-Ya. Debió ser un gato, en qué íbamos?
-No recuerdo, demoró usted mucho
-Discúlpeme, pero ya sabe cómo son las cosas en estos días, un descuido y uno termina golpeado y en calzoncillos viendo como se culean a su esposa un par de adolescentes drogados.
-Bueno, no hay que ser tan paranoicos, las cosas pasan cuando tienen que pasar y ya sé que es una estupidez esto que digo, disculpe, no estoy de humor para tener una conversación de esas en las que no se dice nada.
-Si quiere podemos cortar la conversación aquí.
-No, la verdad me gustaría seguir hablando. La oportunidad de hablar con un extraño no se da todos lo días, y resulta que usted es un extraño que me agrada
-Déjese de estupideces, si eso de hablar con extraños es de lo más común, o acaso usted no habla con quien le vende el pan, con los cajeros, con los taxistas, con señoritas al otro lado del teléfono, a quienes les pagan precisamente por eso.
-Si, pero usted sabe bien que no me refiero a ese tipo de conversaciones, sino a una como esta.
-Perdone usted que siga siendo descortés, pero no le veo nada de particular.
-Entonces para usted es normal quedarse hablando con quien llama equivocadamente a su casa?
-Ya le dije que no es mi casa, ni siquiera me sé el número. Y sí, lo encuentro perfectamente normal, tan normal como hablar solo por la calle, o preguntarle a un perro si tiene frío. Son cosas que hacemos, por que debería sorprenderme algo así?
-Tal vez tenga razón, pero no quiero seguir alentando su argumentación inocua sobre un tema que tanto a usted como a mí nos tiene sin cuidado. Y en cambio sí me interesa saber qué hace usted allí a esta hora, siendo que no es su casa.
-Antes de decir cualquier cosa, tengo que aclarar, por el bien de la lógica gramatical y circunstancial, que no necesita esta ser mi casa, para que yo pueda contestar su teléfono, y si, sé bien que fui yo el que sugirió semejante barbaridad, pero tal vez pretendía tan solo retarlo de alguna manera, para sacarlo de esa lógica cartesiana, que lo lleva a inferir cosas equivocadas. Pero lo único que logré fue comprobar lo que me temía, usted es una de esas personas a las que tienen que decirle de qué color son las cosas, para que empiecen a verlas, así el color no corresponda con la realidad física, que como bien sabemos, es bastante escurridiza en estos tiempos de teorías del caos y de órdenes aleatorios.
-Y de violaciones a domicilio
-Exactamente.
-Y de conversaciones con extraños, que resultan de una lucidez exasperante.
-Lo mismo digo.
-Lo único claro es que usted está en la casa de mi amigo Raúl.
-Y que no sé quien es, por lo cual surge una pregunta realmente inquietante, y es la siguiente: ¿qué carajos hago en esta casa, siendo que no hay nada que me una a ella y a sus habitantes? Y de esa pregunta emana una respuesta aún más controversial y temible. No sé.
-Pues me temo que yo tampoco.
-Si, créame que no esperaba otra cosa de usted.
-Gracias por la sinceridad, es un elemento bastante inusual entre dos personas que apenas empiezan a conocerse.
-Si, pareciera que para llegar a ella, tuviéramos que vivir una vida juntos, y llegar a la conclusión inevitable…
-¿Que el matrimonio es el mal menor?
-No, que alguien va a entrar, y lo más aconsejable es que me vaya de acá, no quisiera alarmar inoficiosamente a su amigo Raúl.
-Pues es muy considerado de su parte.
-Lo sé. Fue interesante hablar con usted, al menos mejor que estar acá esperando.
-¿Esperando qué?
-Que llegara su amigo, para finalmente poder verlo.
-¿Para que quería verlo?
- Lo tengo que dejar, fue un placer, chau.
-Espere…, no se vaya. Mierda.

domingo, agosto 19, 2007

La juventud y otras catástrofes mediáticas

Mozart, a pesar de morir muy joven, superó el promedio de vida de los hombres de su época. Aún así hay muchas personas hoy en día que insisten en preguntarse qué habría escrito si hubiera vivido más años? Pregunta harto inoficiosa, teniendo en cuenta que de todo eso que escribió, el gran público conoce apenas una pequeñísima parte. De qué nos serviría entonces que hubiera vivido más tiempo? Para tener más Mozart a ignorar?. En esta época de sobrevaloración de la juventud, pareciera que todo lo que de ella proviene, tiene un valor agregado, lo que me pregunto con insistencia es qué cosa, y no logro dar con la respuesta. En El Espectador de hoy hay un artículo sobre el "nuevo Mozart", un joven que a los 16 años ya va por su sexta sinfonía. En el artículo no hay ninguna mención a su música, sólo se destaca el hecho de que componga sinfonías a esa edad. El valor de la obra no importa, importa la edad de quien la escriba, o más bien, hacen creer que es ese su único valor, al ignorar lo más importante: la música. Si Mozart hubiera muerto más joven nada sabríamos de él, ya que sus mejores partituras, no son las de sus mocedades (horrible palabra). De esta misma manera nos están vendiendo el nuevo invento publicitario-literario en torno a escritores menores de 39 años, que no se sabe bien qué carajos es, pues reunir a un grupo heterogéneo de escritores porque comparten el no pasar de los 39 años, no parece contener un mérito literario en sí, mas bien parece una estrategia de ventas, “lea a gente joven y usted será joven” y “aproveche, ahora la juventud llega hasta los 40”. Si esta es la nueva apuesta de las editoriales, deberían poner en la contraportada la edad del escritor y la cantidad de libros escritos, así sabríamos quien es mejor. La buena noticia es que hasta los 39, hasta ese arbitrario número, se extendió el plazo para dejar de ser joven. La mala es que los beneficios económicos y sociales de “la juventud”, en este país, siguen teniendo la misma filosofía: todo niño que ocupa puesto paga pasaje, y transmilenio a 1400 para todos, Yuuuuupi. Qué delicia ser joven.

P.D A los 39 no llegó el pobre Mozart. Pero para los que empezamos después, queda la tranquilidad de que no todos somos niños prodigio y que para ser creador no importa la edad, así los publicistas crean lo contrario.

martes, agosto 07, 2007

Festivo

Por fin entro al mundo del trabajador promedio, ese que gana para vivir y que mientras pierde su vida, o se la regala a un jefe ignorante, en cabeza de una institución inocua. No pretendo que algún día me guste lo que empiezo a hacer, simplemente lo hago para entrar en la inercia de la vida, y para dejar de creerme privilegiado. No me enorgullezco de nada, tuve que fingir interés y por supuesto, también mentir, ¿por que quien querría contratar a alguien que no finge y no miente?, hace parte de la tradición, ellos fingen que me necesitan, yo finjo que soy profesional, que tengo experiencia, que no me importa la paga de mierda ni el horario inhumano, que estoy interesado en el trabajo. Después vienen los rituales infaltables: subjefes que no hacen gran cosa, compañeros de trabajo con delirios de jefe, horas muertas, envidias, falsas complicidades, deseos de días festivos, de alarmas de bomba, de niños suicidas, de una buena gripe. Ahhhhh, que bien se siente.