-El ser humano es el único animal con la capacidad de ser estúpido-
-Nunca me ha preocupado el qué dirán, sino el cómo-
viernes, octubre 24, 2008
martes, octubre 21, 2008
Oh la la
Por alguna razón caprichosa de las partículas intangibles del ciberespacio, my blog y mi página de elespectador.com se quedaron atascadas en el pasado, no salen de una vieja actualización (ahora desactualizada), o eso pensaba. La verdad es que fuera de este apartamento y de este computador la cosa es muy distinta, el tiempo sí transcurre, afortunadamente. Por eso y por otras cosas no había vuelto a escribir. Pero tengo en este blog depositado mucho afecto, y extraño comentarios de H y de Juana, y de los otros visitantes esporádicos que se han atrevido desde sus pantallas a romper la barrera del silencio lingüístico. Es extraño, ahora que ando metido en cuanta página existe, y hay perfiles míos en distintos lugares de la red, es cuando menos comunicación tengo con los otros (ustedes) y cuando más ansias tengo de saber qué pasa en la vida fuera de mí mismo. Pero bueno, no prologaré más. Hoy llegué con unas ganas irrefrenables de escribir, pero no sé bien sobre qué, así que voy a ir tanteando por donde me lleva la música en reproducción aleatoria que está siendo expulsada por los audífonos que tengo puestos, y así intentar una suerte de escrito aleatorio.
Llegué tarde a clase, los que me conocen saben que es algo que hago a menudo, y aunque me ha generado problemas, no puedo evitarlo, me pueden más mis ganas de hacerle el quite a ese mezquino y arbitrario invento humano, y como ya no trabajo en un colegio, puedo hacerlo sin sentirme culpable de que unos niños estén sin RECIBIR MI SANTA PALABRA, haciendo de las suyas en los preciosos momentos de la mañana en que uno debería estar siempre entre las piernas de alguien, nunca oyendo las frases desabridas de un cura incapaz de decir algo significativo. Abrí la puerta y no estaba quien esperaba, así que pensé que había llegado antes. Cerré y le pregunté la hora a una mujer que estaba cerca. Me confirmó que era aún más tarde de lo que pensaba, y justo cuando iba a volver al salón, alguien salió a decirme que entrara. La clase esta vez estaba a cargo de un señor que pensé era español, por su acento, pero que con el transcurrir del tiempo se definió francés. No sabía por qué estaba ahí, ni de qué estaba hablando. Me senté a escucharlo. Decía cosas sobre Europa, sobre la historia, las guerras, la gente europea de posguerra; hablaba de escritores, de artistas, de bienestar, de una latinoamérica extraña, donde sólo había escritores y pintores (y ohh sorpresa, ningún músico). Se tenía confianza. Nos retaba a decirle cual era el pintor más importante del surrealismo latinoamericano, el segundo escritor vivo más importante de Argentina, cosas así, como si el pasado y el presente fueran un libro de historia ya escrito (por él). Nos dijo que podría darnos una cátedra de literatura latinoamericana de 60 horas (ese número, no otro), que conocía a todos los pintores, poetas, que esto y que aquello. En un punto fue más lejos, dijo que estaba seguro de que en Francia, si le preguntara esas mismas cosas a un grupo de estudiantes de secundaria (así dijo, ni siquiera universitarios), sabrían responderle. Yo, mientras tanto, tenía una discusión interna con este personaje, donde le decía que su idea de latinoamérica era bastante extraña, al igual que su idea de cultura, y de arte, y de dar conferencias, pero por sobre todo, le decía que por favor se sacara ese pañuelo rojo que llevaba en el bolsillo izquierdo de su chaqueta y se lo metiera en la boca, y así, siguiera dando la conferencia. Más tarde me enteré que era un representante del consulado francés en Argentina, nos visitaba porque el director de la maestría quería saber cómo sería confrontarnos a una visión de latinoamérica, fuera de nosotros mismos. Conmigo no funcionó mucho, y aunque me gusta pensar que no tengo una visión unívoca de la gente, que definir las personalidades es absurdo, cuando la única certeza es la muerte, empiezo a tener conflicto con los diplomáticos franceses, y a desconfiar de tanta "ayuda" francesa en nuestros países, de tanta alianza francesa, y por qué no, de tanto cine seudointelectual (francesmente insoportable). Salí con rabia, pero después me dije, tranquilo, de eso se trataba no? compórtate, quédate con la imagen del tipo tratando de decir algo con el pañuelo en la boca. Y ríete, sé políticamente incorrecto, de eso se trata el arte, de confrontar, dilo en algún escrito, pásale la idea a tu hermano para que haga un cortometraje, a uno de tus amigos artistas para que haga una instalación, quien quita, tal vez estés en un futuro en las palabras de un diplomático francés diciendo cuales eran los artistas más importantes de esta época en latinoamérica. (no me esperaba ese final, pero funciona de una manera retorcida). Au revoir.
Llegué tarde a clase, los que me conocen saben que es algo que hago a menudo, y aunque me ha generado problemas, no puedo evitarlo, me pueden más mis ganas de hacerle el quite a ese mezquino y arbitrario invento humano, y como ya no trabajo en un colegio, puedo hacerlo sin sentirme culpable de que unos niños estén sin RECIBIR MI SANTA PALABRA, haciendo de las suyas en los preciosos momentos de la mañana en que uno debería estar siempre entre las piernas de alguien, nunca oyendo las frases desabridas de un cura incapaz de decir algo significativo. Abrí la puerta y no estaba quien esperaba, así que pensé que había llegado antes. Cerré y le pregunté la hora a una mujer que estaba cerca. Me confirmó que era aún más tarde de lo que pensaba, y justo cuando iba a volver al salón, alguien salió a decirme que entrara. La clase esta vez estaba a cargo de un señor que pensé era español, por su acento, pero que con el transcurrir del tiempo se definió francés. No sabía por qué estaba ahí, ni de qué estaba hablando. Me senté a escucharlo. Decía cosas sobre Europa, sobre la historia, las guerras, la gente europea de posguerra; hablaba de escritores, de artistas, de bienestar, de una latinoamérica extraña, donde sólo había escritores y pintores (y ohh sorpresa, ningún músico). Se tenía confianza. Nos retaba a decirle cual era el pintor más importante del surrealismo latinoamericano, el segundo escritor vivo más importante de Argentina, cosas así, como si el pasado y el presente fueran un libro de historia ya escrito (por él). Nos dijo que podría darnos una cátedra de literatura latinoamericana de 60 horas (ese número, no otro), que conocía a todos los pintores, poetas, que esto y que aquello. En un punto fue más lejos, dijo que estaba seguro de que en Francia, si le preguntara esas mismas cosas a un grupo de estudiantes de secundaria (así dijo, ni siquiera universitarios), sabrían responderle. Yo, mientras tanto, tenía una discusión interna con este personaje, donde le decía que su idea de latinoamérica era bastante extraña, al igual que su idea de cultura, y de arte, y de dar conferencias, pero por sobre todo, le decía que por favor se sacara ese pañuelo rojo que llevaba en el bolsillo izquierdo de su chaqueta y se lo metiera en la boca, y así, siguiera dando la conferencia. Más tarde me enteré que era un representante del consulado francés en Argentina, nos visitaba porque el director de la maestría quería saber cómo sería confrontarnos a una visión de latinoamérica, fuera de nosotros mismos. Conmigo no funcionó mucho, y aunque me gusta pensar que no tengo una visión unívoca de la gente, que definir las personalidades es absurdo, cuando la única certeza es la muerte, empiezo a tener conflicto con los diplomáticos franceses, y a desconfiar de tanta "ayuda" francesa en nuestros países, de tanta alianza francesa, y por qué no, de tanto cine seudointelectual (francesmente insoportable). Salí con rabia, pero después me dije, tranquilo, de eso se trataba no? compórtate, quédate con la imagen del tipo tratando de decir algo con el pañuelo en la boca. Y ríete, sé políticamente incorrecto, de eso se trata el arte, de confrontar, dilo en algún escrito, pásale la idea a tu hermano para que haga un cortometraje, a uno de tus amigos artistas para que haga una instalación, quien quita, tal vez estés en un futuro en las palabras de un diplomático francés diciendo cuales eran los artistas más importantes de esta época en latinoamérica. (no me esperaba ese final, pero funciona de una manera retorcida). Au revoir.
domingo, octubre 05, 2008
En ridículo
CQC, siglas de caiga quien caiga, es un programa argentino de opinión que desde el humor hace crítica política. Hay un reportero en este programa que se dedica a perseguir a Cristina (así le dicen acá a la presi), a donde sea que vaya; un discurso de inauguración de obras, de finalización, una visita oficial al gobernante de otra provincia y así, este reportero no se pierde ningún evento donde la presi esté. Lo curioso del asunto es que hace preguntas incómodas, es insolente, atrevido, bocón, como un amigo imprudente. Corre tras la camioneta que transporta a la presi, le da la mano, se escabulle cuando esta lo ignora y él vuelve a contraatacar de alguna manera, es un personaje molesto que sin embargo causa simpatía y logra hacer preguntas directas a quien tiene que responderlas. Obviamente nunca le dan bola (disculpen el argentinismo), cuando más, le dicen que se consiga un trabajo verdadero y deje trabajar.
Extraño el humor político en la televisión Colombiana, parece que la muerte de Jaime Garzón fue también la muerte de las ganas de opinar inteligentemente desde la cajita impositora (o cuadro de pared con parlantes), y no es que sea una lástima, sino más bien una preocupación. Cabe hacerse las siguientes preguntas: ¿en qué tipo de países no existe la sátira política? ¿será que no hay nadie capaz de hacer pensar al país fuera de las columnas de opinión? y una última: ¿estaríamos dispuestos a ver ridiculizado a nuestro presidente?.
Voy a intentar responderlas. En Estados Unidos, país guerrerista, ombliguista y en general, muy extraño, hay toda una variedad de programas donde se hace sátira política directa, con nombres y hechos. Desde dibujos animados y programas cómicos con risas pregrabadas a talk shows, algunos tan directos que no dan cabida a la imaginación. No sé sobre sus efectos en la audiencia. Algunos pensaron que el documental de Michael Moore podría haber generado una reacción en los votantes, y de esa manera hicieron coincidir su lanzamiento con las fechas electorales, a ver si lograban influir en los resultados de la votación, pero no fue así, o al menos no significativamente. Ahora hasta el mismo Michael Moore perdió toda capacidad de impacto mediático y sus últimos documentales no tuvieron la acepatación de los anteriores. Hubo un efecto de desgaste, como si la tendencia fuera a evitar pensar que las cosas están mal, el verdadero estado de ellas lo sabemos, pero preferimos no comentarlo. Que la guerra en Irak es un invento para crear un clima de incertidumbre económico que favorece a los productores de petroleo no es un secreto para nadie, pero lo preocupante no es eso, sino que a pocos importa que así haya sido. Un país con esa capacidad para auto criticarse, debería ser también un país donde decisiones de ese tipo crearan un ambiente de rechazo frontal en la población, no sólo de inconformismo. El inconformismo en sí, sólo sirve para cambiar de bando ocasionalmente, cuando el desgaste haya hecho lo suyo, mas no para minar las relaciones de poder que creamos en nuestras democracias modernas, donde nos conceden la opinión y el derecho a burlarnos de nuestros gobernantes (en algunas), pero las decisiones sobre los posibles rumbos que se pueden tomar, las toman los mercados, ni siquiera los mismos políticos. Algunos antropólogos y sociólogos han llegado a afirmar que pasamos de ser Homo Sapiens, a Homo consumis, es decir que nuestro rasgo predominante, aquello que nos hace humanos según la ciencia, dejo de ser el pensamiento y se convirtió en el consumo. Consumo, luego existo. Consumir o no consumir, esa es la cuestión. Y volviendo a la pregunta inicial, sobre cómo es un país donde no existe la sátira política, puedo decir que es un país entregado al consumo. Cuando lo que importa son las cifras de desempeño económico, y no la minucia tras de ellas, las razones por las que mejoramos esos porcentajes, entramos en un círculo de abstracciones incomprensible y autoreferencial. ¿Los números crecen a nuestro favor para ser mejores personas o para ser mejores consumidores?. Desde esta perspectiva es fácil entender donde estamos, elegimos ser mejores consumidores, luchamos por ello, es nuestra nueva convicción.
La respuesta a la segunda pregunta es fácil de responder: no. Así como Uribe no ve quien lo pueda suceder. Triste pero cierto. Aunque pensándolo bien sí lo hay, sólo que pareciera que la brecha que marca en los posibles adversarios la política de seguridad democrática es demasiado ámplia para acortarla con propuestas que no impliquen odio y plomo. Mockus generó algo interesante, pero existe una tendencia a pensar que lo que Colombia necesita es "mano dura", eufemismo de plomo para quien disienta. Yo creo que de mano dura y estúpida ya hemos tenido suficiente, y ahora debemos es ablandarnos, dejar que la razón penetre un poco en nuestro actuar pasional, y convierta la seguridad en tranquilidad, y la democracia en igualdad. Tranquilidad igualitaria le llamaría a mi política de estado. Tranquilida para pensar y hacer, igualdad para reconocer al otro, por fin.
La tercera pregunta ya no tiene interés. El ridículo se logra cuando todos entendamos que este señor sigue ahí porque es el reflejo de nuestra incapacidad para crear una sociedad distinta, los que estamos en ridículo somos nosotros.
Extraño el humor político en la televisión Colombiana, parece que la muerte de Jaime Garzón fue también la muerte de las ganas de opinar inteligentemente desde la cajita impositora (o cuadro de pared con parlantes), y no es que sea una lástima, sino más bien una preocupación. Cabe hacerse las siguientes preguntas: ¿en qué tipo de países no existe la sátira política? ¿será que no hay nadie capaz de hacer pensar al país fuera de las columnas de opinión? y una última: ¿estaríamos dispuestos a ver ridiculizado a nuestro presidente?.
Voy a intentar responderlas. En Estados Unidos, país guerrerista, ombliguista y en general, muy extraño, hay toda una variedad de programas donde se hace sátira política directa, con nombres y hechos. Desde dibujos animados y programas cómicos con risas pregrabadas a talk shows, algunos tan directos que no dan cabida a la imaginación. No sé sobre sus efectos en la audiencia. Algunos pensaron que el documental de Michael Moore podría haber generado una reacción en los votantes, y de esa manera hicieron coincidir su lanzamiento con las fechas electorales, a ver si lograban influir en los resultados de la votación, pero no fue así, o al menos no significativamente. Ahora hasta el mismo Michael Moore perdió toda capacidad de impacto mediático y sus últimos documentales no tuvieron la acepatación de los anteriores. Hubo un efecto de desgaste, como si la tendencia fuera a evitar pensar que las cosas están mal, el verdadero estado de ellas lo sabemos, pero preferimos no comentarlo. Que la guerra en Irak es un invento para crear un clima de incertidumbre económico que favorece a los productores de petroleo no es un secreto para nadie, pero lo preocupante no es eso, sino que a pocos importa que así haya sido. Un país con esa capacidad para auto criticarse, debería ser también un país donde decisiones de ese tipo crearan un ambiente de rechazo frontal en la población, no sólo de inconformismo. El inconformismo en sí, sólo sirve para cambiar de bando ocasionalmente, cuando el desgaste haya hecho lo suyo, mas no para minar las relaciones de poder que creamos en nuestras democracias modernas, donde nos conceden la opinión y el derecho a burlarnos de nuestros gobernantes (en algunas), pero las decisiones sobre los posibles rumbos que se pueden tomar, las toman los mercados, ni siquiera los mismos políticos. Algunos antropólogos y sociólogos han llegado a afirmar que pasamos de ser Homo Sapiens, a Homo consumis, es decir que nuestro rasgo predominante, aquello que nos hace humanos según la ciencia, dejo de ser el pensamiento y se convirtió en el consumo. Consumo, luego existo. Consumir o no consumir, esa es la cuestión. Y volviendo a la pregunta inicial, sobre cómo es un país donde no existe la sátira política, puedo decir que es un país entregado al consumo. Cuando lo que importa son las cifras de desempeño económico, y no la minucia tras de ellas, las razones por las que mejoramos esos porcentajes, entramos en un círculo de abstracciones incomprensible y autoreferencial. ¿Los números crecen a nuestro favor para ser mejores personas o para ser mejores consumidores?. Desde esta perspectiva es fácil entender donde estamos, elegimos ser mejores consumidores, luchamos por ello, es nuestra nueva convicción.
La respuesta a la segunda pregunta es fácil de responder: no. Así como Uribe no ve quien lo pueda suceder. Triste pero cierto. Aunque pensándolo bien sí lo hay, sólo que pareciera que la brecha que marca en los posibles adversarios la política de seguridad democrática es demasiado ámplia para acortarla con propuestas que no impliquen odio y plomo. Mockus generó algo interesante, pero existe una tendencia a pensar que lo que Colombia necesita es "mano dura", eufemismo de plomo para quien disienta. Yo creo que de mano dura y estúpida ya hemos tenido suficiente, y ahora debemos es ablandarnos, dejar que la razón penetre un poco en nuestro actuar pasional, y convierta la seguridad en tranquilidad, y la democracia en igualdad. Tranquilidad igualitaria le llamaría a mi política de estado. Tranquilida para pensar y hacer, igualdad para reconocer al otro, por fin.
La tercera pregunta ya no tiene interés. El ridículo se logra cuando todos entendamos que este señor sigue ahí porque es el reflejo de nuestra incapacidad para crear una sociedad distinta, los que estamos en ridículo somos nosotros.
miércoles, septiembre 03, 2008
Las espirales futuras
Lo escondo, o como mínimo intento ocultarlo. Lo tapo de un lado con la mano, de manera que no se reconozca el título, no completo, y del otro lado hago lo mismo con los objetos que me topo, improviso coreografías, lo cambio de manera innecesaria de mano, lo pongo entre el tórax y el brazo, cual pan francés en Francia; cualquier cosa para evitar que lo vean, que me descubran. Y es una estupidez, pero me parece tan lugar común, eso de leer Cortázar en Argentina, donde hay plazas, centros culturales, bares y un gran: qué se yo, con su nombre, que tan sólo nombrarlo resulta un pleonasmo, un: !qué frió que hace! en medio del invierno. Adquiere ese insoportable aire de souvenir, de lugar turístico, el mismo que generalmente imponemos a todo lo que queremos destruir por uso y abuso, que prefiero hacerlo soslayadamente, cosa bastante difícil, eso de leer libros en el subte haciendo lo posible por impedir que la que está al lado, respirándote en la nuca, frotándote las tetas en las espalda, no se entere de qué se trata. Pero así soy, prefiero pasar por antipático que por turista de molde.
Siempre me gustó esa manera que tiene el sujeto en cuestión de meterte en la situación de tacazo, sin ninguna explicación, de repente te zampa en medio de un entramado de relaciones complejo, al que asistes de manera voyerista, hasta incómoda diría. Como cuando se va a una fiesta familiar, siendo uno el único que no tiene parentesco con nadie en el lugar. Hay una incomodidad propia de la situación y al mismo tiempo un acceso inmediato a aspectos intimos de esos personajes y la manera como se han venido tratando que sobresalen por encima de cualquier formalidad. Esa manera de no narrar, de no contar, termina siendo la mejor para que dejemos nuestra pasividad como lectores, y empecemos desde la primera linea a construir más allá de las descripciones (que las habrá de alguna manera), a ser parte del relato. Es como ir a un concierto y encontrarse con que en el programa de mano aparece el nombre de uno, entre el de muchos otros violinistas, y antes de empezar el director te haga una seña enojado desde el escenario para que subas y te acomodes en la tercera linea de segundos. Obviamente en una circunstancia digamos literaria, no se llega tan lejos, tan sólo te pone desde otra perspectiva, tal vez no cómo violinista, pero sí como un intruso del cual nadie se da cuenta, un voyerista invisible, el ideal de cualquier voyerista, y aunque en general el cine y la literatura nos proponen eso, inspeccionar en las intimidades de otros como espectadores, Cortazár lo hace de manera tal, que terminas creyéndote parte de la cosa, no es algo que suceda fuera de uno, te involucra de manera más profunda.
Es la única novela que me queda por leer de él, y es también curiosamente uno de sus primeros intentos en el género, junto con Divertimento. Publicada postumamente y tal vez un ensayo de lo que serían sus novelas célebres. Pero lo más importante, como siempre, es que es un placer leerlo y comentarlo.
Siempre me gustó esa manera que tiene el sujeto en cuestión de meterte en la situación de tacazo, sin ninguna explicación, de repente te zampa en medio de un entramado de relaciones complejo, al que asistes de manera voyerista, hasta incómoda diría. Como cuando se va a una fiesta familiar, siendo uno el único que no tiene parentesco con nadie en el lugar. Hay una incomodidad propia de la situación y al mismo tiempo un acceso inmediato a aspectos intimos de esos personajes y la manera como se han venido tratando que sobresalen por encima de cualquier formalidad. Esa manera de no narrar, de no contar, termina siendo la mejor para que dejemos nuestra pasividad como lectores, y empecemos desde la primera linea a construir más allá de las descripciones (que las habrá de alguna manera), a ser parte del relato. Es como ir a un concierto y encontrarse con que en el programa de mano aparece el nombre de uno, entre el de muchos otros violinistas, y antes de empezar el director te haga una seña enojado desde el escenario para que subas y te acomodes en la tercera linea de segundos. Obviamente en una circunstancia digamos literaria, no se llega tan lejos, tan sólo te pone desde otra perspectiva, tal vez no cómo violinista, pero sí como un intruso del cual nadie se da cuenta, un voyerista invisible, el ideal de cualquier voyerista, y aunque en general el cine y la literatura nos proponen eso, inspeccionar en las intimidades de otros como espectadores, Cortazár lo hace de manera tal, que terminas creyéndote parte de la cosa, no es algo que suceda fuera de uno, te involucra de manera más profunda.
Es la única novela que me queda por leer de él, y es también curiosamente uno de sus primeros intentos en el género, junto con Divertimento. Publicada postumamente y tal vez un ensayo de lo que serían sus novelas célebres. Pero lo más importante, como siempre, es que es un placer leerlo y comentarlo.
jueves, agosto 28, 2008
Superman
Esta noche voy a ver a Laurie Anderson. Las boletas estában carísimas y nadie me quiso acompañar, así que estaré solo, pero creo que va a estar muy bueno el concierto, o performancia, o lo que sea que haga esta mujer, y lo voy a gozar a pesar de estar un poco enfermo y de que el clima no ayude a la recuperación. La próxima semana Les luthiers, después NIN y Stone Temple Pilots, después Medesky Martin and Wood, y bueno, muchos conciertos, poca plata, una ecuación dificil de resolver. Y Charly nada que se recupera, hasta se hizo un grupo en facebook para darle ánimo, y algunos entusiastas estuvieron cantando canciones en frente de la clínica donde está, Palito Ortega fue a visitarlo y otros muchos se pusieron de acuerdo para sintonizar y reproducir sus canciones a la misma hora. Yo no hice nada, pero qué se puede hacer, salvo ver películas.
Mi abuelo finalmente murio, poco después de mi sueño, una curiosa coincidencia, y las serpientes salieron en un a clase de Lenguaje Simbólico dada por un rabino muy simpático. Se vuelve al mismo sitio, pero un poco más arriba, como en una espiral. El lenguaje es un virus.
Mi abuelo finalmente murio, poco después de mi sueño, una curiosa coincidencia, y las serpientes salieron en un a clase de Lenguaje Simbólico dada por un rabino muy simpático. Se vuelve al mismo sitio, pero un poco más arriba, como en una espiral. El lenguaje es un virus.
jueves, agosto 14, 2008
Mientras duermo
Estoy en el club Comfenalco, ahora Colsubsidio, donde solía ir a entrenar diariamente natación. No estoy en la piscina, estoy en los parqueaderos, voy de salida. Al mirar hacia un pequeño grupo de árboles que en la realidad no existen, veo el movimiento confuso de un cuerpo alargado y negro, se retuerce en la tierra. Pienso que puede ser una serpiente, pero apenas logro comunicárselo a quien me sigue, es evidente que lo es, pues ya deja de estar en las sombras, y sus particularidades son notorias, viene hacia nosotros, salta y vuela y se retuerce en el aire, es grande y alguien atina a decir que es una boa. Pero no está sola, de repente son muchas las que salen de la nada, las que saltan y parecen danzar enloquecidas , como si asistieran a un bacanal de serpientes. Salen de la tierra, de los árboles, de ellas mismas, se dividen y separan. Ya no son boas, son serpientes de toda clase que vienen volando hacia nosotros. Corro a la Avenida Suba, paro el tráfico y sé que tengo que volver, abajo está mi familia. Alguien pasa entre el tráfico con un palo en llamas, es un palo enorme, y se me ocurre que tengo que alejar a las serpientes con ese palo. Lo cojo, como si no pesara nada lo llevo conmigo y bajo, le digo a quien lo llevaba que me siga, que hay que alejar a las serpientes. Al llegar el panorama era muy distinto, mi padre está ahí, me dice algo, pero aunque no le entienda sé que está mal, veo a mi madre metida en una especie de zanja llena de agua. Me meto con ella y me dice que la picaron, está desnuda. Siento que tengo que salvarla, le digo que hay que salir de ahí, que hay que encontrar el antídoto. Me señala la serpiente que la picó, es una de esas que parece que tuvieran cachos, sé que es muy venenosa y tengo miedo. Con otro palo la molesto desde la zanja, está medio muerta, se mueve torpemente. Mi padre me dice que la cortaron, veo el resto de su cuerpo ya descompuesto a su lado, como si al decir eso mi padre hiciera realidad sus palabras. Un simio está ahora con nosotros, pasa en frente mío y sale de la zanja. Está muerto, pero se mueve y habla. Puedo ver sus intestinos a través del hueco que tiene en su barriga, me dice que me calme, que hay que esperar. De alguna manera me calman sus palabras, como si fueran las de un sabio, y olvido la idea de ir por el antídoto. Una mujer aparece ahora con nosotros en la zanja, me dice que a ella también la picaron, y se voltea y me restriega su vagina, está inflamada. Tomo su forma de actuar como un síntoma inequívoco de que en efecto fue picada. Mi padre está ahora en la zanja, el agua nos llega al cuello, sin embargo podemos ver lo que sucede fuera de la zanja. Alguien grita que ahí vienen de nuevo, todos gritamos y nos sumergimos, como si de esa forma pudiéramos evitar un ataque. Yo estoy en uno de los extremos del grupo, recién me doy cuenta de ello, siento el rozar de algo en mi espalda y finalmente me despierto. No estoy alterado, pienso en lo que acabo de vivir, me volteo y le digo a Carlos, que duerme: creo que tuve una pesadilla. Me responde algo inentendible. Me doy media vuelta de nuevo y vuelvo a dormir.
miércoles, julio 30, 2008
Algo de aquí y de allá
Quería escribir sobre Ingrid. De hecho empecé un escrito, pero se desgastó rápidamente, es evidente que me importa un pepino, y que hablar más del asunto es una desproporción, una gota más de fango en el pantano del inmediatismo. Así que no, me resisto a ser mediático, a comentar las marchas por la libertad y la paz, cómo si esas palabras me dijeran algo, y me importara la vida de los secuestrados, algo más que para medir qué tan humanitario me quiero sentir en determinado momento y frente a quien. No creo que el secuestro sea peor que las desapariciones forzadas o la tortura, y para no ir más lejos, que el desplazamiento forzado, así que a la mierda con sus marchas y sus buenos sentimientos, creo que hay causas más universales, o mejor aún, más locales, menos engañosas y esquivas, más tangibles y que en verdad podrían significar un cambio en la vida de las personas, las que nos importan. Afortunadamente en la caverna no se escucha nada ni se ve nada, y puedo sentir con claridad el sonido de mi cuerpo, de mi corazón latiendo, de mi humanidad desplazándose por las superficies, rozando con las sabanas, con el piso de madera, con las teclas plásticas de mi teclado. Y así pasan los días, sin que necesite mucho, tan sólo salir un par de cuadras para comprar provisiones y volver presuroso con los ojos aún entrecerrados, acostumbrados ya a la poca luz. Empiezo mi transformación. Cuando los días comienzan a cualquier hora, y las horas no tienen una relación con la luz solar, el tiempo pierde significado, sencillamente estoy, me muevo por el recuerdo de lo que alguna vez fue una vida de esas que creemos normales, con horarios y deberes, preocupaciones. Viene a mi mente como si hubiera sido un sueño, y no me queda más que preguntarme, cómo no me pude dar cuenta antes, si era tan evidente, la vida no es eso, sólo eso. Pero son todas conjeturas bastante banales, si la vida es esto o aquello es algo que nunca sabré. Un día tengo certezas, otro creo que soy un idiota por haberlas tenido, y se convierte en una nueva certeza, e cosí via… hasta que veo una película, un titular, y leo de nuevo a Saul Below, para ponerme a pensar en nuevas cosas. La película es zoo, un argumental con las voces de los protagonistas sobre un hecho judicial que involucraba prácticas zoofílicas de un grupo de hombres en el estado de Washington con caballos. Un hombre es llevado a un hospital de provincia. Se desangra por dentro, una fisura en el colon causa un daño irreparable en su organismo y muere poco tiempo después de haber ingresado. Hasta ahí, nada muy comprometedor. No se tardará mucho en dar con las causas de una herida tan inusual. No es secreto que la gente se mete cosas en el culo, hay todo un historial de chistes médicos al respecto, y si hablan con un doctor, con seguridad saldrá con algo interesante en materia de objetos que pueden introducirse y que terminan haciendo daño o no saliendo, en los casos más embarazosos; por eso los médicos son así, con esa expresión de parca complicidad, en realidad no hay nada que los pueda sorprender de la naturaleza humana. Un caballo había penetrado a ese hombre y por eso se estaba desangrando por dentro. Era un trabajador de la Boeing, con familia, un buen sueldo, estabilidad e cosí via… El titular es sobre una supuesta red de abusadores de menores. Al parecer los menores eran abordados en cibers de Barrio Norte (un honorable barrio, de esta honorable ciudad), por jóvenes que los incitaban a ir a fiestas. En esas fiestas veían sexo entre hombres. No pasaba mucho tiempo para que fueran los menores los protagonistas de ese sexo. El cerebro de todo esto, al parecer (está en investigación) es un reconocido docente universitario, autor de varios libros, y ohhh sorpresa, algunos sobre violencia familiar, decían los medio bonarenses. Pero qué es tan aberrante en el asunto, por qué resulta tan indignante. ¿Jóvenes de catorce años con ganas de sexo? ¿qué extraño no? ¿Gente que da todo, hasta su buen nombre y su libertad por verle la pija a un adolescente? ¿Qué raro no? Los buenos ciudadanos se escandalizan. Pero no sé bien por qué, acaso porque esperan un comportamiento distinto de alguien educado, ¿pasaría lo mismo si quienes cometen estos actos fueran ignorantes? ¿la indignación es por el acto en sí o por quién lo comete?. El hombre que murió en Washington sacó a la luz una pregunta que desde lo más profundo de nuestras bases morales nos atormenta, ¿somos producto de una sociedad que excluyó por completo nuestro lado animal y cuando este se cuela por los fondillos de nuestro intrincado juego de pretensiones y apariencias, y se presenta tal cual es, lo que hacemos es darle la espalda y condenarlo, sabiendo que viene de nosotros mismos, que todos lo tenemos dentro?
Saul Bellow es otra cosa, afortunadamente, pero por el momento dejo así, tan sólo quería hacer presencia de alguna manera.
Saul Bellow es otra cosa, afortunadamente, pero por el momento dejo así, tan sólo quería hacer presencia de alguna manera.
domingo, junio 29, 2008
Desde la caverna
No será el lugar más grande, ni el más lindo, ni el más limpio, ni el más propio, pero acá estamos, y bueno, como tiendo a ser optimista, creo que no sólo será el más grande y el más lindo, sino el más propio mientras vivamos en él, nunca el más limpio, pero no se lo puede tener todo. Ya hace rato que no me aparecía por está paginita (como le gusta adjetivar a nuestro presi) y hasta de aburrido me habían acusado, pero ya estoy al volante de nuevo y con los tanques llenos, desde otro lugar, con menos cargas encima y dichoso de la vida, entre bondiolas y comedores de tenedor libre, nueva vida, nuevos escritos, viejas formas de contar. Pero ahora desde la Nueva York del tercer mundo.
A dos cuadras vive Charly García. Cuando subo las escaleras del subte en Bulnes, y salgo al no tan frío invierno porteño y me dirijo al apartamento; veo hacia arriba, hacia el séptimo piso del edificio de la esquina de Coronel Díaz y Santa Fe. Hace dos días que las luces están prendidas, ya debe estar de nuevo en su apartamento, recuperándose aún de la neumonía, que fue asunto nacional por estos lares como lo son en los nuestros las rupturas de Juanes o las demandas de Natalia Paris, nuestra adelantada anti-diva, precursora de la estupidez hecha forma de vida, esa misma que vendrían a vendernos como diversión los de la fox, cuando una jovencita de nombre Paris (¡oh coincidencias!), le decía a todos los jóvenes del mundo que lo único que importa es el dinero. Nosotros no tenemos un Charly, ese ser que cuando escupe sale en todos los diarios, el que siempre está en el ojo del huracán, inventando nuevas formas de sorprender a un público amarillista ansioso de miserias, no, nosotros tenemos seres míticos, las verdaderas estrellas, dioses apolíneos que pareciera solo piensan en el bien común, en salvar el mundo y besar niños con sida, los que están siempre bien, aún después de una ruptura amorosa, los que nunca dicen nada, porque nunca se les pregunta nada, los típicos seres mediáticos sin carne, que tanto gustan a quienes buscan vidas como las de ellos, sin sangre, sin vida, la mitificación de lo humano, de lo que en apariencia todos queremos ser. Charly es dionisiaco, un personaje incómodo, siempre borracho, siempre drogado, siempre en problemas, si no es un vaso de agua en la cara de Bjork, es un golpe en la cara a un actor de segunda que termina por desatar sentimientos de patria. Lo más parecido que tenemos a Charly en nuestro país dionisíaco de anhelos apolíneos, es a Cesar Vallejo, que por su condición de escritor, pasa desapercibido en un país de pocos lectores y su irreverencia tan sólo ofende a unos cuantos colombianos de “bien” que en vez de cagar, hacen popó. Pero afortunadamente Charly es mucho más que su propia imagen, cosa que no puedo decir de nuestras “estrellas” fugaces. Es un verdadero artista, (palabra perrateada por los presentadores de noticieros), y su fuerza creativa no está en lo que dicen los diarios, sino en su música, su verdadera arma de irreverencia para el mundo. Por estos días nada anda bien para el pobre, su disco nuevo resultó colgado en internet sin su consentimiento, está enfermo y su situación financiera es tan precaria que pensaba vender el apartamento de Santa Fe y Coronel Díaz para financiar el lanzamiento de su nuevo disco, que bueno, ya está entre el público, y ningún sello querrá comprarlo, una lástima. Pero por acá no sólo se habla de él, también está el flaco, otro gigante de pocos kilos que no para de hacer música y que a cambio de Charly, acaba de sacar su último disco y por lo que escuché en ese local en Corrientes, está muy bueno. La próxima semana será Leo Masliah y dentro de dos meses Laurie Anderson, y después Les Luthiers y The cure. Nada mal. Ojalá siga viendo la luz prendida en el apartamento de Charly, ya estará pensando en cómo salir de esta, es lo bueno de no ser una estrellita sin carne.
A dos cuadras vive Charly García. Cuando subo las escaleras del subte en Bulnes, y salgo al no tan frío invierno porteño y me dirijo al apartamento; veo hacia arriba, hacia el séptimo piso del edificio de la esquina de Coronel Díaz y Santa Fe. Hace dos días que las luces están prendidas, ya debe estar de nuevo en su apartamento, recuperándose aún de la neumonía, que fue asunto nacional por estos lares como lo son en los nuestros las rupturas de Juanes o las demandas de Natalia Paris, nuestra adelantada anti-diva, precursora de la estupidez hecha forma de vida, esa misma que vendrían a vendernos como diversión los de la fox, cuando una jovencita de nombre Paris (¡oh coincidencias!), le decía a todos los jóvenes del mundo que lo único que importa es el dinero. Nosotros no tenemos un Charly, ese ser que cuando escupe sale en todos los diarios, el que siempre está en el ojo del huracán, inventando nuevas formas de sorprender a un público amarillista ansioso de miserias, no, nosotros tenemos seres míticos, las verdaderas estrellas, dioses apolíneos que pareciera solo piensan en el bien común, en salvar el mundo y besar niños con sida, los que están siempre bien, aún después de una ruptura amorosa, los que nunca dicen nada, porque nunca se les pregunta nada, los típicos seres mediáticos sin carne, que tanto gustan a quienes buscan vidas como las de ellos, sin sangre, sin vida, la mitificación de lo humano, de lo que en apariencia todos queremos ser. Charly es dionisiaco, un personaje incómodo, siempre borracho, siempre drogado, siempre en problemas, si no es un vaso de agua en la cara de Bjork, es un golpe en la cara a un actor de segunda que termina por desatar sentimientos de patria. Lo más parecido que tenemos a Charly en nuestro país dionisíaco de anhelos apolíneos, es a Cesar Vallejo, que por su condición de escritor, pasa desapercibido en un país de pocos lectores y su irreverencia tan sólo ofende a unos cuantos colombianos de “bien” que en vez de cagar, hacen popó. Pero afortunadamente Charly es mucho más que su propia imagen, cosa que no puedo decir de nuestras “estrellas” fugaces. Es un verdadero artista, (palabra perrateada por los presentadores de noticieros), y su fuerza creativa no está en lo que dicen los diarios, sino en su música, su verdadera arma de irreverencia para el mundo. Por estos días nada anda bien para el pobre, su disco nuevo resultó colgado en internet sin su consentimiento, está enfermo y su situación financiera es tan precaria que pensaba vender el apartamento de Santa Fe y Coronel Díaz para financiar el lanzamiento de su nuevo disco, que bueno, ya está entre el público, y ningún sello querrá comprarlo, una lástima. Pero por acá no sólo se habla de él, también está el flaco, otro gigante de pocos kilos que no para de hacer música y que a cambio de Charly, acaba de sacar su último disco y por lo que escuché en ese local en Corrientes, está muy bueno. La próxima semana será Leo Masliah y dentro de dos meses Laurie Anderson, y después Les Luthiers y The cure. Nada mal. Ojalá siga viendo la luz prendida en el apartamento de Charly, ya estará pensando en cómo salir de esta, es lo bueno de no ser una estrellita sin carne.
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